En picada ¿cómo salir?

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La devastación causada por la contención del COVID-19 va a traer más muertos que la pandemia. Lo señalan analistas. Se dispara la pobreza extrema, mientras la clase media se desliza hacia la penuria. La dislocación social es un tren lentamente desbocado. El confinamiento está destruyendo producción e ingresos, sin que la malla de protección desplegada por el Estado haya cobijado eficazmente a los que han perdido su sustento.

Con las medidas preventivas ha llegado la depresión. La pandemia pasará, pero sus secuelas económicas acompañarán al país por largo tiempo. En el catálogo de medidas contracíclicas hay para todos los gustos, el énfasis, sin embargo, debe ser el empleo. De por sí, el desempleo ha sido un lunar en los progresos de la última década. Hoy los puestos son prioridad. La economía no va a echar a andar con solo apretar el encendido. Con sacar a la gente a la calle, no se regresa a los buenos dos primeros meses del año de crecimiento por encima del 4%.

Son muchos los obstáculos y el primero es el comercio exterior en profundo trauma de desglobalización. Muchas puertas se cierran a los productos colombianos, para no hablar de la crisis del petróleo y el carbón, de larga duración. A esos rotos de la balanza comercial hay que restar en la cuenta corriente la caída de las remesas, de la inversión extranjera y de la otrora rutilante estrella del turismo.

El malestar económico habremos de superarlo solos, desde adentro. ¿Y cómo? Es quizá demasiado pedir eficacia al Estado, pero no hay más a quien recurrir temporalmente. En los altos niveles no falta inteligencia. Es de pensar que está en marcha el diseño de un plan de recuperación para no caer en el atroz -7% pronosticado.

Se le ha ya hecho una venia a las obras públicas y se aplauden la prontitud y aciertos del Banco de la República. Esto último habría que complementarlo con medidas que destraben la parsimonia burocrática para evaluar riesgos en el sector financiero de manera que los recursos lleguen rápido al sector real. Y, al oído, intervenir las onerosas tasas de interés.

Para don Sancho Jimeno, el héroe de Cartagena en 1697, los malos tiempos en materia de empleo significaban disminuir el número de esclavos. Asunto resuelto. Ahora no es tan fácil. Son muchas las teclas, algunas obvias como en lo fiscal eliminar, entre otros, los impuestos a la nómina. Más allá, cabría pensar en un vasto plan de empleo, con gerente, dirigido al siglo XXI, sí, a la centuria naciente, para, por ejemplo, llevar con premura la banda ancha a todos los colombianos o hacer de Colombia un país no solo carbón neutral, sino que exporte verde. En entrenamiento y reentrenamiento, educación para ser empleable, las oportunidades son múltiples: laboratoristas de investigación, técnicos en computadores y IT, asistentes en salud, expertos en manufactura tridimensional. La imaginación es el límite, de la mano del sector privado que es la clave del arco.

Ahora lo importante es el empleo.

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