Entorno prohibido

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Una ciudad está definida por la gente y su entorno, este último configurado por un nicho en el cual las universidades y los centros de salud son fundamentales para cualquier centro urbano, y su estado de cierta manera define el presente y el futuro de las urbes.

Sin buenas universidades, la sociedad no tendrá los profesionales que necesita, y sin los mejores hospitales, la salud de la comunidad siempre será un lastre pesado y mugriento para alcanzar el desarrollo. Desde hace décadas, Zaragocilla es el barrio por excelencia que congrega a la universidad y al hospital con mayor importancia, no solo de Cartagena, sino del Departamento. Sin embargo, también es un sitio con una gran estela macondiana, con pocos dolientes y un sinnúmero de espantos que gritan por una intervención inmediata.

No es la primera vez que escribo sobre esto, y seguiré haciéndolo hasta que pase algo. Las administraciones locales y regionales, la universidad, el hospital y la comunidad, necesitan reinventar el campus, y volverlo digno para todos. Caminar por el frente del hospital le permite encontrar al menos veinte microbasureros, frascos llenos de aceite usado o de sopas que nadie compró, permanecen allí personas de la calle justo frente al centro asistencial, expendio de cualquier cosa en la portería, refugios abandonados, entre tantas otras cosas que carecen de explicación. Y sin mencionar además que una facultad de astronomía podría estudiar los cráteres de las calles circunvecinas.

¿Cuál puede ser la inversión para cambiar la cara de este sitio? No debe costar mucho, en especial si lo comparamos con las cifras astronómicas que gastaremos en los próximos Juegos Nacionales. No es solo cosa de dinero, es la forma de vivir a que nos acostumbramos y cuya realidad no nos sorprende ni afecta, pero que sí notamos al traer a algún conferencista de otra ciudad y sentimos la vibración de sus ojos ante la desagradable sorpresa del vecindario. Muchas veces he leído en sus expresiones, “caramba, esto sí es el tercer mundo”. Para rematar, cuando se enteran que el imponente hospital tiene varios pisos vacíos, el desconcierto es desesperanzador. Y no he mencionado la inseguridad.

Como universidad tampoco debemos esperar a que el alcalde y el gobernador hagan lo que deben. Ojalá pronto cristalicemos una iniciativa, así como con la edificación del maravilloso Campus de San Pablo, y formemos un bloque con la comunidad para iniciar el cambio y exigir mejorar el entorno de nuestra casa, Zaragocilla. Cartagena no será fantástica por sus murallas, lo será cuando sus habitantes tengan un bienestar decente y sus ambientes mejoren la calidad de vida de todos.

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