Entre héroes y heroínas

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Hace poco fui invitado como juez a un concurso maravilloso: se trataba de seleccionar a tres fundaciones especializadas en proyectos de alto impacto social en Cartagena, entre unas 25 que se invitaron a participar. Las fundaciones tenían que presentarnos un proyecto específico que fuera “autosostenible”, y de premio se entregarían los recursos para implementar y acompañar dichos proyectos.

Como finalistas se escogieron a siete fundaciones y cada una tuvo 20 minutos para presentar la historia de su organización y su proyecto (tipo programa de televisión “Shark Tank”), con diez minutos adicionales que se destinaron a preguntas. El proceso contó también con el acompañamiento de la Universidad Tecnológica de Bolívar, con su programa de Maestría en Desarrollo Social y la Cámara de Comercio.

Pero lo que quiero rescatar de todo fue la indescriptible emoción de encontrar unas personas maravillosas, donde el sentido de la vida lo tienen claro: “Paremos de quejarnos y de criticar, y por el contrario, seamos parte de la solución”. Para mí no existen mayores heroínas y héroes (porque la mayoría son mujeres), que esas personas entregadas de cuerpo, empatía social y alma para sacar adelante sus respectivas fundaciones. ¡Por Dios, ese es el secreto de la vida, dejar de pensar tanto en nosotros y volcar nuestra mirada hacia los demás! Es que eso está demostrado científicamente: ayudar al prójimo trae felicidad y paz espiritual, entre otras cosas, porque para hacerlo, hay que estar bien con uno mismo.

Y es así: los estudios psicológicos del mundo tienen clara la conexión entre la felicidad y las relaciones sociales, la empatía y la gratitud. Y eso fue lo que encontré en ese concurso: gente verraca y agradecida. Esa es la gente que debería estar en la primera página de los medios. Y me refiero a personas como Elena Mogollón y su sobrina Martha (“Granitos de Paz”), Arlena Hoyos (“Dones de Misericordia”), “la Prince” Martínez y “la Muñe” Pretelt (“Fhes”), y otras fundaciones como “Funvivir”, “Rhei”, entre otras.

Antes de irme, también quiero hacerle un homenaje a otro héroe cartagenero. Su nombre: Jairo Vélez de la Espriella. Pocas veces en la vida he conocido una persona con tantas virtudes y calidades como ser humano. Estimado Jairo, tu familia, amigos y Cartagena entera te necesitan. Quiero que sepas que tú simbolizas la esencia del hombre íntegro, colaborador y bueno. No te imaginas el ejemplo que has sido para tantos. Eres un guerrero de mil batallas y de esta saldrás adelante.

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