Entre redes e imprudentes

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El mundo cambia permanentemente, la sociedad está en constante evolución y como antes lo he manifestado, uno de los factores determinantes que nos permiten estar interconectados cada instante son las redes sociales. Las noticias y demás acontecimientos se difunden en cuestión de segundos y existe una vocación o, mejor dicho, necesidad creciente de estar on line.

En estas plataformas son diversos los contenidos que se socializan: fotos, videos, opiniones, discursos, convocatorias, etc. y muchos, los emisores, al punto que las entidades del sector público son de las más activas, dejando huellas de las ejecutorias que el cargo impone, las cuales generan una sensación de eficiencia, que no siempre comulga con la verdad. Personas de todas las condiciones proponen contenido y con distintas intenciones. Hay quienes pretenden la fama per se, otros acceder a un empleo, o hacerle marketing a un producto o servicio, lo que para mí no está mal. Pero con el afán mediático acelerado se cometen impertinencias en las que caen incluso quienes posan de expertos, como los medios de comunicación cuando por la anhelada tendencia exponen material explícito que amerita censura o por decir menos, prevención. No se trata de una novedad el hecho que, algunos recurren a la exposición pública de sus partes íntimas o de expresiones vulgares en grado superlativo para llamar la atención y con ello seguidores.

Nos asombra cómo incluso profesionales de la medicina, sin pudor, publicitan desde el mismo quirófano las cirugías y en otros apartes los resultados. Desde lo cotidiano resulta una predisposición psíquica a publicarlo todo, lugares frecuentados, comidas degustadas, ejercicio físico realizado, en fin, el afán por la documentación es garrafal y a veces nos perdemos el disfrute de los momentos reales por tener la conexión virtual, sin contar con el peligro, en materia de seguridad, que representa mostrarlo todo a los facinerosos que siempre andan al acecho.

Sin duda debemos ser responsables, prudentes y coherentes con el manejo de redes, más aún si direccionamos una que genera opinión o que tenga la capacidad de llegar a las masas sociales. Estamos en la posibilidad de lacerar caros derechos como la intimidad y dignidad moral y, de hecho, lamentablemente existen ejércitos humanos y cibernéticos que actúan por paga o prurito como sicarios morales en este ambiente.

Para la muestra el reciente caso expuesto en la sentencia T-007/20, en la que la Corte Constitucional ampara el derecho a la intimidad de una familia acosada por un periodista que tuvo el atrevimiento de ingresar al velorio y obtener una foto del cadáver, la cual usó como imagen noticiosa. La libertad de expresión tiene límites y, por ende, no puede ser vista como una licencia general para hacer y decir lo que nos plazca.

*Abogado.

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