¡Eso no es vallenato!

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Carlos Vives es un respetuoso de los escenarios, estudioso y culto de la música. Como activo del vallenato, ha generado: antes y después de “Escalona; y, ahora: antes y después de su “Ilíada del vallenato”. Con el aval del pueblo y de la Fundación declaró Rey vallenato a Lizandro Meza.
Ilíada en Homero “es la cólera humana, sus causas, sus consecuencias, y su apaciguamiento”. Se dio en la del samario, una síntesis de la comedia humana, con virtudes y defectos, y todo fue paz, canto y amor. Estuvo en el escenario, con incondicionales y adversos a su fiesta. Sosegar lo pasado, he ahí el mensaje.

Por allá, en 1969, se daba el segundo Festival y ante el acoso de “eso no es vallenato”, por parte de alguien importante de la directiva, además, gestos que desaprobaban el accionar de Alfredo Gutiérrez, este interrumpió la canción y abandonó la competencia. Un locutor barranquillero, desde allá dijo: “Señores, ha nacido un rebelde del acordeón”.
Fueron invitados Adolfo Pacheco y Andrés Landero al Festival Vallenato para que le cantaran al homenajeado, Gabriel García Márquez, en el patio de la casa de Darío Pavajeau. Cuando Gabo escuchó Mercedes, expresó: “Ese es el himno nacional de mi casa”. Pero cuando se oyó Cantó mi machete, Consuelo Araujo, subida en una silla, volvió a decir: “Eso no es vallenato”.

Esos maridajes de Luis Enrique Martínez con la cumbia cienaguera, y la fusión de Vives, con el embrujo de gaita de la cartagenera Mayte Montero, en la Gota fría, esas inclusiones al género, fueron determinantes para que se universalizara nuestra música vallenata.
Por ello, no fueron gratuitos los aplausos al segmento de la “Ilíada vallenata” cuando se evocó la cumbia, en la confluencia sonora del río grande de la Magdalena y el Cesar, que no es otra que la geografía donde vino al mundo el autor del verso poético y danzario: “ya no cruje el maderamen en el agua”.

Adolfo Pacheco grabó “El engaño”: “Buscaron a Alfonso López / hicieron un festival / se valieron de la prensa / y dijeron que el folclor / típico y muy regional / legendario y bullanguero / era de Valledupar / y como en Cien años de Soledad / glorificaron a Rafael / hoy el que no toca el ritmo aquel / es como si no tocara na”.

Después dice: “En la carta vallenata / de Consuelo de Molina / posteriormente en un libro / de bastante de erudición / ignoró doña Consuelo / la leyenda de mi pueblo / engañando así al lector”.

Gracias Carlos Vives, conciliador, aglutinador, fusionador, porque la noche que subió Adolfo a cantar a dúo contigo, apareció un texto de su autoría en El Tiempo: “Sabiamente, Consuelo Araújo dividió en tres escuelas esos estilos, por regiones. “Vallenato vallenato”, “Vallenato bajero” y “Vallenato sabanero”.


fidelalejandro@claro.net.co

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