España nos marca

08 de enero de 2011 12:00 AM

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La mayor molestia que ha causado la marca ciudad es que su diseño sea español. Es una intromisión permitida y pagada por nuestros dirigentes, paradójicamente a quienes transformaron violentamente nuestra identidad indígena. Quizás aspiraban a que recordaran a los indios que masacraron y los inmolaran con su creatividad en un logo que nos represente ante el mundo. Al develar la marca no vimos nada que nos identifique. El logo parece el de unas olimpíadas a las cuales no aspiramos porque como ciudad nos falta mucho para ello. Y es precisamente todo lo que nos falta, de lo que tendrían que ocuparse nuestros dirigentes antes de pensar en una marca de mentiras, ya que lo “mostrable” de Cartagena, es sólo el 5% de su realidad, sin embargo nos empeñamos por magnificar sus escasas dotes y escondemos lo demás debajo de la alfombra para caminar por encima de todas nuestras desgracias con la altivez del ignorante.
Con esta marca ciudad quieren mostrar una Cartagena que es más que Patrimonio Histórico de la Humanidad y bajo ese argumento, desaparecen referentes retóricos y le dan “forma” a sentimientos y emociones universales, diciendo que eso es lo que nos hace únicos. Llegar a esa conclusión esotérica demoró 10 meses y Cartagena se verá ante el mundo como una llama flameante.
Pero no todo es malo. Las piezas que acompañan al logo y que aún no se han dado a conocer poseen un valor estético y discursivo impactante, emotivo y directo. En ellas, toma vida el patrimonio material e inmaterial en una fusión de imágenes donde el cuerpo y el alma de la ciudad se develan en composiciones fotográficas de rostros, oficios y escenarios que nos despiertan admiración y orgullo. El problema es que los $280 millones no alcanzaron para mostrarnos lo más valioso de la campaña y mientras se consiguen los recursos la gente seguirá sin entender las rayas coloridas.
La molestia de que la marca la hayan creado españoles, no tiene nada que ver con resentimientos históricos, sino con la desestimación al talento local.
Los publicistas cartageneros habrían parido un logo de sus entrañas, alimentado de vivencias propias, de una observación infatigable y amorosa de su ciudad, aderezado con el respeto y la solemnidad que se le tiene a la tierra que lo acoge en su seno. En el resultado hubiéramos podido mirarnos de algún modo, ahorrándonos un largo recorrido hermenéutico que tuvieron que hacer los creativos foráneos, por el que cobraron como si se tratara de una obra de arte y presentaron como si fuera otro gran descubrimiento.
La autoridad de turismo de la ciudad pretende crear sentido de pertenencia por la marca, pero no valoró, ni creyó en el talento humano de su pueblo, olvidando que la gente no puede querer lo que no es suyo. Para amar la ciudad, habrá que recuperar la autoestima de su gente y esta se atropella cada vez que se le desconoce.
Que la convocatoria pública fue transparente y los locales en igualdad de condiciones no lograron ganarla, son las razones que le dan tranquilidad de conciencia al doctor Araujo. Para mí, nos sigue debiendo su apuesta por el talento local.

*Directora UdeC radio

martha_amor@yahoo.com

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