Columna


Esperpento Kaput

RODOLFO SEGOVIA

04 de diciembre de 2021 12:00 AM

El mercado descabezó al esperpento. Abierta la convocatoria, nadie se le midió a construir, operar y mantener la planta de regasificación y el gaseoducto de Buenaventura-Yumbo. Lo primero era fácil: un muelle con complementos de almacenamiento y servicios, y una unidad flotante almacenadora y regasificadora, donde se acodera el barco transportador del gas. Pero otra cosa es el gaseoducto, por su ecológicamente complicado trayecto, y porque caería en las garras de todas las consultas que en el mundo han sido sepulcro del esperpento.

Sepulcro ¿será de cruz alta? Se oyen rumores del ministro de Minas y de la UPME insinuando resurrección: pretenden abrir una nueva convocatoria. Insisten en meterle la mano al bolsillo de los colombianos por 1.000 millones de dólares, para que paguen de a poquito el valor de su redundante obsesión. Sin querer pensar mal, cuando una iniciativa es patentemente absurda se suscitan inquietudes sobre cuáles son los poderosos intereses que empujan a la insistencia.

Mientras la UPME forcejea, ahora con fecha 2026 para la eventual regasificadora de Buenaventura (antes era 2024, cuando, según plazo urgente, se iba presentar insuficiencia en el suministro de gas), los hechos siguen su marcha, como se predijo desde cuando, hace cuatro años, se concibió el esperpento. El mas importante de ellos es el gaseoducto desde la cuenca de Jobo (San Jacinto-Sinú) hasta Medellín. Acordado el take or pay, Canacol, la productora del gas, ha recibido ofertas que, mediando lo usual, pondrían gas en la capital de la montaña en el 2024. Su capacidad es de 100 millones de pies cúbicos día, ampliables a 200 millones. Valdría $500 millones de dólares.

No exige gran conocimiento geográfico deducir que con menos de otros $500 millones, el gas llegaría a Cali, por el fácil trayecto de las orillas del Cauca. Y entonces la seguridad del suministro al suroccidente contaría con dos tubos y fuentes distintas para abastecimiento con gas colombiano, sin maltratar a los usuarios de gas, ni desestimular su búsqueda en el país. Es coincidencia que al mismo tiempo Shell-Ecopetrol hayan anunciado un pozo para delimitar el descubrimiento del complejo Purple Ángel en aguas profundas costa afuera Córdoba-Sucre, después de varios años de espera por cambios de dueños y operadores. Es una expectativa a 8-10 años, pero señala la prospectividad gasífera del país. Otro tanto puede decirse de Orca en la Guajira, cuya demora para entrar en operación es solo la ambivalencia de Petrobras, o del reciente descubrimiento de Ecopetrol en Recetor (piedemonte Llanos) de relativamente rápido desarrollo por encontrarse al lado de la infraestructura gasífera. Al mismo tiempo, Promigás adelanta la ampliación de su regasificadora en Cartagena. Si de suministro externo para solidificar el abastecimiento interno se trata, con eso hay.

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