Columna


Estamos perdiendo todo

JESÚS OLIVERO

26 de marzo de 2021 12:00 AM

En una de esas raras oportunidades que ha ofrecido la pandemia, visitar sitios olvidados de Bolívar ha sido una de las más placenteras. Recorrer caminos desconocidos en los Montes de María, llegar a los lugares más altos, despertarse con el sonido de una guacharaca, un desayuno preparado por la señora Noris Montes, cerca de la Cansona, conocer los diseños imposibles de las berenjenas de lujo, usar abrigo para el frío tan solo a tres horas de Cartagena por tierra, o inclusive resbalarse por una pendiente de infarto con la primera lluvia del año, no tiene precio.

Lo anterior, a pesar de experimentar, con visión propia, cómo estamos perdiendo nuestros recursos de biodiversidad. Con contadas excepciones, ya no quedan ni los parches de monte, pareciera que los árboles milenarios estorban en las fincas, cuyos dueños o administradores cortan sin pensarlo dos veces. Muy pocos en nuestra región conocen lo que estamos sacrificando. Desde las instituciones, pasando por los docentes, hasta el campesino, el desconocimiento del valor de lo que insistimos en aniquilar es absoluto.

Excelente la labor de emprendedores como Eduardo Ledezma, quien, desde Eva, un emprendimiento en San Juan Nepomuceno para la conservación del ambiente aplicando el concepto de turismo comunitario, lleva a turistas a conocer lo poco remanente, apoyando a las familias campesinas en el proceso. De especial importancia la función de los recolectores de semillas, personas que como Omar Tapia conocen de memoria la ubicación de los árboles en extinción e intentan preservarlos.

Necesitamos políticas públicas de conservación, compromiso de las instituciones ambientales, la Gobernación y las alcaldías, pero también de los profesores. Nuestros campesinos requieren apoyo y conocimiento para no talar o quemar, en especial áreas de alta pendiente, donde aún existen guacamayos, loros, tucanes y plantas con extractos de color neón fosforescente, así como para evitar usar las quebradas cristalinas de agua fría para arrojar la basura. Inexplicable la existencia de una mega cantera contigua al Santuario de Flora y Fauna los Colorados, una de las pocas áreas verdes de Bolívar. ¿Será que existe alguna forma de cambiar nuestra obsesión con destruirlo todo?

La solución es simple. Deben incrementarse esfuerzos para hablar mucho más de biodiversidad, el valor de lo perdido sin conocerlo jamás, y de cómo podremos tener un futuro, al menos predecible, si protegemos lo presente. Los administradores departamentales y municipales pueden crear programas masivos de educación y estímulos para conservación de especies nativas. Y nosotros como educadores tenemos el reto de adaptarnos a enseñar sostenibilidad, conociendo lo nuestro y usándolo sin desaparecerlo.

*Profesor.

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