Columna


Fajardo como símbolo

ALFREDO RAMÍREZ NÁRDIZ

21 de junio de 2022 12:00 AM

Sergio Fajardo es aburrido. Yo asistí en su día a una charla suya en mi universidad y me pareció una de las personas más aburridas y menos inspiradoras que he conocido en la política. Su apariencia es aburrida. Su forma de hablar es aburrida. Su gestualidad es aburrida. Sus ideas, propuestas y proyectos son aburridos. Todo en él es un enorme elogio del aburrimiento. Y la verdad es que eso, si lo que se desea es un político eficiente y confiable, es bueno; pero difícilmente le ayudará a ganar las elecciones presidenciales en un país como Colombia.

Decía el politólogo italiano Giovanni Sartori que los países latinoamericanos no consiguen consolidar partidos ideológicos y viven en un perpetuo pasar de un caudillismo a otro, en gran medida porque para que estos partidos se consoliden, se necesita que los ciudadanos sean capaces de hacer el ejercicio de abstracción de identificarse con una ideología y votar por contenidos, no por líderes, y esto es muy difícil cuando gran parte de la población es analfabeta o funcionalmente analfabeta, caso que, según él, se da en Latinoamérica. O sea que mientras no se reduzca la pobreza, no mengüen los grupos sociales que viven en la miseria, la gente no tenga tiempo y ganas de culturizarse y, merced a todo ello, la ciudadanía adquiera una capacidad de abstracción suficiente para votar no por hombres, sino por ideas, los caudillos nunca abandonarán la escena política latinoamericana y los partidos ideológicos a la europea nunca se consolidarán.

Es en estos partidos ideológicos y en este tipo de política donde encajaría Fajardo, pues como académico que ofrece gestión probada e ideas sensatas y moderadas, tiene mucho en común con el típico centro ideológico (ya sea centro-izquierda o centro-derecha, eso lo dejo a su opinión) que tanto abunda en Europa. El problema para él es que no es europeo, sino colombiano y en Colombia lo que tristemente impera, en no poca medida por los motivos señalados por Sartori, es la típica política latinoamericana de caudillos.

Petro, nuevo Presidente de la República, que en mi opinión es un caudillo de izquierda bastante manual, puede resultar un personaje, tanto por sus propuestas como por su oratoria y sus formas, extraño y exótico desde una perspectiva europea, pero en Colombia gusta.

Fajardo, sin embargo, que para los oídos y los ojos de un europeo se escucha y se ve como un señor sensato y normal, en Colombia está llamado a fracasar una vez tras otra.

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