Fake data

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El conteo simple, sea lo que sea que se cuente, aumenta con el paso tiempo: nunca va a disminuir. Se podría esperar que se detenga, o que el incremento sea cada vez menor, pero disminuir no. Piense en los mangos que caen de un árbol, por citar un ejemplo.

En el caso que nos ocupa, el C19, el número total de contagios (C); el número de recuperados (R); o el número de muertos (M), aumentan a medida que pasa el tiempo. Estos datos solo tienen sentido si se utilizan para diseñar ‘índices’. Por ejemplo, el número de contagios vs número de habitantes (C/H) que las estadísticas expresan en casos por millón, pero que si lo expresamos en porcentajes es de 0,23%; o de muertes, que serían apenas 0,011% referidos ambos a la población cartagenera. No obstante, transcurridos ya 100 días, sería un muerto diario entre un millón de habitantes. ¿Es realmente esto una alarma, pudiendo ser cierto lo que se dice, de que la etiqueta C19 se la colocan, por simplicidad o por perversidad, vaya uno a saber, a todo el que muere? ¿Cuál debería ser el umbral de alarma? y ¿el de pánico?

Otro caso es utilizar índices cuando es de más ayuda usar totales. Por ejemplo: mirando el diagrama de barras que publica El Universal, se observa que el número de contagios es mayor entre la gente joven, lo cual es explicable porque tienen una vida social y sexual más intensa, y son osados y rebeldes por naturaleza; sin embargo, el presidente comparó a pierde, a adultos mayores con jóvenes, con el fin de focalizar políticas y acciones. Análisis errados conducirán siempre a políticas erradas, y el gobierno lo sabe. Por eso, sin reconocer su equivocación, está abriendo lo que nunca debió cerrar –o si acaso, no por un periodo tan largo– sin que los indicadores estén mejorando; más bien mostrando lo errado de las medidas adoptadas.

Decir lo que sea para justificar lo que sea, basado en la falacia de que la gente de cualquier modo no entiende, parece ser el lema de gobierno. Craso error, tanto entiende la gente, que poco caso hace de la oratoria gubernamental: se ha perdido credibilidad. Así como el virus es una pandemia, y el terror lo han convertido en otra; como efecto contrario aparece la pandemia de la incredulidad. La eterna e infalible Ley de la Acción - Reacción. Del gobierno no se debería esperar más que orientación, vacunas, vitaminas, medicamentos e infraestructura para las emergencias, nadie espera más. Si el sistema inmune es el arma de lucha animal más poderosa, en lugar de debilitarlo con terrorismo informativo, y fake data, el Gobierno debería ayudar a reforzarlo permitiendo actividades saludables, y distribución gratuita de vitaminas. Por ejemplo, una cierta concentración de vitamina C en el agua, sugerí en ‘Intimidados’ (abril13); o en pastillas. Una diaria de 1.000 mg., entre 250 mil personas durante tres meses son 5,4 mil millones, suma irrisoria frente a los mercaditos que hubieran sido innecesarios si se deja a la gente en libertad.

*Ing. Electrónico, MBA.

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