Columna


Física, Química y Cultura Ciudadana

LUCÍA ÁLVAREZ ÁLVAREZ

14 de enero de 2022 12:00 AM

La Física enseña, la materia no se crea ni se destruye, se transforma. Paradójicamente las prácticas ciudadanas evidencian un nuevo postulado, la materia no se crea ni se destruye, se transforma o cambia de lugar.

Sucede con los escombros, los cambiamos de lugar y pasan de ensuciar el frente de nuestras casas, a ensuciar otro lugar, en vez de usarlos en un proceso de transformación, con este residuo podríamos arreglar varias viviendas y calles de barrios olvidados de la ciudad, en los cuales la pobreza extrema existe todos los meses del año de todos los años. Igual sucede incumpliendo la Resolución 2184 de 2019, según la cual, desde enero de 2021 debíamos usar tres bolsas de colores, blanco, verde y negro para separar e identificar los residuos sólidos recuperables y la basura, sin embargo, mezclamos todo y la bolsa de basura la llevamos a cualquier lugar, por eso en la avenida Pedro de Heredia y en cualquier sitio de la ciudad, encontramos basureros satélite, nuevamente preferimos el cambio de lugar de la materia en vez de su transformación para un triple beneficio, social, económico y ambiental.

La Química enseña, lo semejante disuelve lo semejante y no es lo mismo adicionar A sobre B, que B sobre A. Paradójicamente las prácticas ciudadanas evidencian más fracaso y menos éxito en los intentos de desarrollar proyectos de barrio, hace falta en el equipo interventor gente del barrio, esos que viven y sufren los problemas, si les ayudamos a entender será más fácil motivar la generación de ideas y propuestas para participar en su implementación en busca de soluciones sostenibles.

Los jóvenes universitarios van a la universidad para transformar sus vidas, mientras la sociedad espera su participación para transformarse, por eso, es necesario tributar el conocimiento en los problemas de sus barrios, facilitará y visibilizará el desarrollo.

El proverbio chino dice: “Dale un pez a un hombre y comerá hoy, enséñale a pescar y comerá toda la vida”. Paradójicamente, las prácticas ciudadanas evidencian una nueva necesidad en materia de educación, enseñar a cuidar el río, eso garantiza sostener el alimento a través del tiempo.

Finalmente, el desarrollo socioeconómico sostenible es una responsabilidad de las sociedades civil y gubernamental, necesitamos el 2022 para pasar, del sueño al despertar, del documento al producto visible, de propuesta a implementación y de diagnóstico a tratamiento. De no hacerlo, seguiremos año tras año, repitiendo los mismos datos, porque a igual método igual resultado.

*Profesora Universidad de Cartagena.

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