Columna


Florecer en la adversidad

LIDIA CORCIONE CRESCINI

LIDIA CORCIONE CRESCINI

04 de agosto de 2020 12:00 AM

Ante la adversidad se ve el mar más azul, quizá más insípido, su corazón en la quietud viene y va entregándonos todo o quizá nada, cuentan los pescadores que han tenido que salir en busca del sustento aunque muchas veces la policía les advierte que están infringiendo la ley, para ellos es claro como lo es obscuro el panorama de muchos que quedaron congelados en el tiempo con los bolsillos escurridos ante la incertidumbre y la escasez, sin poder evitarlo, en el momento inesperado muchos rostros dejaron de ver la luz y muchos acontecimientos quedaron enterrados en un abrir y cerrar de ojos ante la imposibilidad de llegar hasta el faro que nos ilumine de una buena vez el camino para continuar la travesía que aún es ardua y complicada. Si bien es cierto que la necesidad económica se disparó, también lo es que a través de la virtualidad muchas personas han logrado hacer lo que nunca antes, reunirse con los suyos, las amistades, los jefes, los docentes, los médicos, en un mano a mano de cara a cara, conferencias reiterativas que ocupan el 200% del tiempo de las personas que deben permanecer en el ritmo multiplicador para que nada colapse y para que el mundo se siga transformando aunque sea a través de gestos, señales de humo o jeroglíficos. Nada es fácil, tampoco se pronostica la pronta solución a nada, pues, aunque la luz verde se aproxima en Cartagena, no quiero imaginar cómo serán el revuelo o la revolución de gentes de un lado a otro cuando se dé el sí para continuar con la cotidianidad. Tremendo reto y responsabilidad para las personas que nos guían puesto que el desorden o la desesperación no entienden de reglas, precauciones y cautelas. Ver a Cartagena de calles inciertas, solitarias, lúgubres y recatadas nos llena de nostalgia y nos estremece. Nadie tuvo la culpa, nadie sabe por qué este bicho ha sido tan pendencioso, nadie está exento del contagio. Estábamos sumergidos por la globalización y sociedad de consumo, en una carrera desmesurada y materialista que no había manera de parar y que seguramente ahora que todo vuelva a la normalidad asirá sus garras con más ímpetu como una conspiración ante la caída económica y los sistemas de salud argumentarán que están colapsados y vuelve la cinta hacia atrás y nos adentramos en la misma película de ficción de una realidad que a pesar de los avisos, a pesar de indicarnos el reajuste y los cambios, no tiene memoria, porque el hombre es el mayor depredador. Con Cartagena, no pierdo la esperanza de ver florecer la semilla ante la adversidad “Por una Cartagena mejor”, ante las buenas prácticas, proyectos y emprendimientos que mitiguen las secuelas que nos deja este impacto del COVID-19. Respaldo, alternativas, responsabilidad social.

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