Columna


Formas hostiles

ENRIQUE DEL RÍO GONZÁLEZ

08 de junio de 2021 12:00 AM

En este país, cuando pensamos que nada peor puede suceder, la realidad rápidamente nos sorprende; y no me refiero únicamente a los históricos desatinos administrativos de los gobiernos de turno, sino al ejercicio de la violencia como mecanismo de presión que ahora se juzga “efectivo” para lograr cualquier finalidad.

Las formas hostiles no suman a la solución de las problemáticas, por el contrario, los actos violentos representan y estimulan conflictos mayores, incluso, enfrentamientos sin sentido donde no hay ganadores. Colombia está repleta de egocentrismo, obstinación y maldad, aquí es imperativo imponer sin reflexión el criterio individual y avasallar al contradictor, al que no respetamos ni reconocemos sus derechos, pues es el enemigo, la persona a derrotar sin piedad.

Estas dificultades son evidentes al tratarse de la libertad de opinión, pues nos es difícil comprender que aquella es una garantía en doble vía. Sin embargo, muchos pretenden que se reconozca para decir y hacer cuanto se les ocurra, pero sin asumir la responsabilidad de lo expresado y, sobre todo, anulando la posibilidad cuando es otro quien la ejercita. Sin vergüenza exigimos tolerancia por nuestra verdad mientras denigramos de la ajena.

Como era lógico, del dicho se pasó al hecho y esas vías son recorridas con alto contenido de agresividad. Dar por sentado que el fin justifica los medios, implica que nada ni nadie importe con tal de cumplir el objetivo. En esa dinámica se pierden las proporciones, generando daños colaterales que superan el malestar inicial, el remedio resulta siendo peor que la enfermedad.

Cuando se bloquea un acceso público sin duda se provocan grandes perjuicios, entendemos que dicha práctica se realiza para llamar la atención, en ejercicio del derecho a la protesta pacífica consagrado en el Artículo 37 Constitucional, pero las dudas surgen con aquellas acciones que producen detrimento en las prerrogativas de los demás ¿Es pacífico lo que daña a otro? Creo que no. Las formas incendiarias deben terminar y volver a la institucionalidad, debatir en los escenarios democráticos, con el marco del Estado Social de Derecho.

Es muy repudiable que, enarbolando las banderas de nuestras libertades, aniquilemos las ajenas. Es muy triste el caso de la niña que por una obstrucción vial perdió la oportunidad de recibir atención médica, muriendo en una ambulancia. Los ruegos no conmovieron a quienes impedían el paso y, por el contrario, agredieron al vehículo con explosivos y gases al intentar superar la barrera. Aquel acto fue objeto de diversas opiniones que reflejaron la nefasta realidad en la que vivimos, cada uno en su orilla defendiendo y atacando, no importando los hechos ni las víctimas, solo el absurdo ego como único vestigio de la ideología.

*Abogado.

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