Columna


Fortalecer la sociedad civil

RAÚL PANIAGUA BEDOYA

27 de noviembre de 2023 12:00 AM

El concepto de sociedad civil está asociado a diversos aspectos, pero tal vez el más común o sólido dentro de las ciencias sociales y políticas es el relacionado con el reconocimiento que unos ciudadanos hacen de su condición de sujetos de derecho, que actúan de manera colectiva para tomar decisiones en el ámbito de lo público, pero situados por fuera de las instituciones y estructuras de gobierno, de los partidos políticos, de las agremiaciones empresarias, grupos económicos, instituciones religiosas, por fuera de centros de poder, como puede ser incluso la academia. Uno de los rasgos distintivos de esa sociedad civil es la actuación en lo público en función de los intereses, necesidades o demandas que integran objetivos comunes, que normalmente van en contravía de intereses privados, de algunos gremios o sectores y del mismo gobierno. Otros rasgos esenciales de esa sociedad civil es la búsqueda del bien común, sin ánimo de lucro personal, sin adhesión a ningún partido político y sin pretensiones de gobernar.

Hoy el concepto se ha ampliado y se manifiesta en demandas o en campos de actuación relacionados con temas de género, salud, educación, medio ambiente, cultura, derechos humanos y un largo etcétera que cada día se hace más extenso y complejo, pero necesario y conveniente para la sociedad y para la democracia.

Una de las razones de emergencia de la sociedad civil tiene que ver con la incapacidad de los gobiernos e incluso de los estados para dar respuesta a las demandas, reclamaciones o derechos de grupos, comunidades o sectores sociales, algunas de esas demandas postergadas por décadas o siglos y nunca satisfechas.

Considero que lo ocurrido en Cartagena durante varios procesos electorales, de una votación mayoritaria por candidatos que no pertenecían a los partidos políticos tradicionales o a los grupos hegemónicos, que nos llevaron por lo menos en los tres últimos gobiernos a una enorme inestabilidad o incapacidad institucional, no correspondió a una fuerte sociedad civil; por el contrario, fue la expresión de la debilidad o ausencia de sociedad civil.

Si queremos avanzar hacia una sociedad más equitativa, moderna, equilibrada y con capacidad de tomar decisiones en función de los intereses de las mayorías, que los objetivos de gobierno se concreten en beneficio de quienes históricamente han tenido menos oportunidades y acceso a los beneficios del Estado, se deben propiciar muchas acciones que redunden no solo en el reconocimiento, sino en el fortalecimiento de esa sociedad que pide a gritos ser tenida en cuenta, escuchada y valorada.

Aquí tienen los nuevos gobernantes una oportunidad única para transformar nuestra sociedad. No es fácil, pero puede ser el punto de quiebre para la modernización y desarrollo integral de nuestra ciudad. No hacerlo es perpetuar las estructuras atrasadas asociadas con la ignorancia, la informalidad y el control personal sobre el cual ha cabalgado la corrupción.

*Sociólogo.

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