Columna


Francia

SOQUI RODRÍGUEZ

14 de mayo de 2022 12:00 AM

El cargo de vicepresidente en Colombia es un trabajo gaseoso cuyas funciones determina el presidente. Sin embargo, lo que es inmodificable es que este será su sucesor en caso de falta temporal o definitiva. Siendo así, no dejo de cuestionarme lo que pasaría en nuestro país si Petro llega a la casa de Nariño y por cualquier circunstancia del destino quedamos en manos de Francia Márquez. Este personaje que se ha vuelto muy público en los últimos meses no puede negar que tiene características muy especiales. Siempre la acompaña un gesto de disgusto y se muestra a la defensiva constantemente. Sus prendas de vestir juegan un papel importante en sus apariciones públicas pues sirven para comunicar su identidad y sus raíces afrocolombianas. Su falta de carisma se nota hasta en su relación con el candidato de la Colombia Humana quien no la consideró una opción vicepresidencial hasta que sacó los cientos de votos que la lanzaron al estrellato. La decisión de nombrarla su fórmula fue obvia... tenía que hacerlo. No obstante, la distancia entre ellos es visible. Creo que hasta siente vergüenza cuando saluda a los “nadies y a las nadies” del país.

Por primera vez vemos una fórmula vicepresidencial que contradice a su candidato públicamente. Mientras Gustavo Petro defendía a César Gaviria como el representante de ideas de libertad y progreso, Francia Márquez decía que el expresidente solo representa la profundización de la corrupción.

Debe ser muy incómodo hacer campaña así. La señora Márquez no sabe trabajar en equipo y sobrepone su agenda y sus opiniones al pacto que hizo; hace algunos días, mientras le manifestaba a Vicky Dávila que no tenía buena situación económica, se hizo público que se beneficiaba de subsidios gubernamentales y hasta le descubrieron propiedades en Cali. Todo lo que ella critica lo ha vivido. Recibió 100 millones de pesos del Polo Democrático para su campaña y asegura que no sabe de dónde sale la plata para sus viajes en avión. Acogió anticipos del Estado para su campaña, pero dice trabajar con las uñas. Hay que reconocer que en eso es lo único en que coincide con su candidato presidencial quien miente y evidencia su ignorancia en conceptos básicos de economía. La izquierda hace política denigrando las instituciones del Estado, pero se beneficia de este.

Pero la tapa de la caja de esta dupleta es la manifestación de la señora Márquez de no conocer a Hugo Chávez mientras Petro intenta mostrar con desespero que la “revolución socialista” venezolana es lo que Colombia necesita. Chávez es el modelo a seguir del partido que ella representa como candidata vicepresidencial; ¿si no lo conoce, qué hace allí? Todo en ella es una contradicción. Como diría Oscar Wilde: “Si usted quiere saber lo que una mujer dice realmente, mírele, no la escuche”. Mejor miremos a Francia...

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