Columna


Planeación, glorietas y trancones

ENRIQUE DEL RÍO GONZÁLEZ

11 de enero de 2022 12:00 AM

El Arco del Triunfo, La Cibeles, El Obelisco y El Ángel de la Independencia, citando algunos íconos al azar, son magníficas piezas de arte que por sus dimensiones no se encuentran en museos, pero pueden apreciarse en libre exposición en glorietas. Esta palabra viene del francés GLORIETT, al parecer porque en el siglo XII existía un bello palacio en París con este nombre, cuyo patio central estaba rodeado por una particular galería de columnas.

En Cartagena de Indias, ciudad donde poetas, pintores y artistas de toda índole convergen desde hace siglos a inspirarse; donde se dan cita la música, la cultura y el cine en afamados festivales, donde el local o foráneo que presencie una puesta de sol en sus murallas, será testigo de excepción del inefable “embrujo cartagenero”; aquí, hace poco, en épocas en la que todo parecía más fácil, los Zapatos Viejos, Blas de Lezo y la India Catalina, emblemas que guardan y recrean la historia de la ciudad, lucían todo su esplendor sobre glorietas.

No preciso en cuál administración se reubicaron estos monumentos y, aun cuando en sus actuales locaciones han sido erigidos en diseños circulares, no son en sí una glorieta, pues las vías públicas no marcan su contorno; a alguien con poder de decisión no le simpatizaron y esto pudo estar bien en lo que al acceso o apreciación del arte se refiere, pero es una lamentable decisión de cara a la utilidad principal de esta estructura urbanística.

Las retiraron y no las volvieron a tener en cuenta, prescindiendo de los enormes beneficios que aparejan en la movilidad. Se trata de construcciones que evidentemente no requieren los costos o complejidad de puentes, túneles u otros sofisticados proyectos, estas permiten una mejor visibilidad para el conductor, por lo que implican alta reducción de choques respecto a los cruces comunes y el espacio que albergan es más económico y eficiente en términos de aprovechamiento del terreno.

Es verdad que no son inmunes a los accidentes de tránsito, pero esto obedece más al desconocimiento y falta de cultura ciudadana de conductores y peatones, que a vicios de la estructura en sí. Pequeñas rotondas en frente a la boca de la Serrezuela, en el semáforo de la India Catalina, en la avenida El Pedregal a la altura de Telecartagena, a la salida de la Media Luna y calles Larga con Arsenal, aliviarían un poco el caótico tráfico cartagenero. Por supuesto, para lo que se nos viene inmediatamente ya no hay solución, estamos en la primera quincena del año, la afluencia de turistas incrementa y el colapso de las rutas es peor que inminente. Por eso, a mediano plazo resulta imprescindible la planeación estratégica de cada obra, teniendo en cuenta el bienestar de la comunidad, pues, el no uso de estas herramientas arquitectónicas, sin duda es un error de planeación que hoy pagamos con la amargura derivada de los interminables trancones.

*Abogado.

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