Gracias Universidad de Cartagena

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En uno de los seminarios ofertados por el Doctorado en Toxicología Ambiental de la Universidad de Cartagena a las comunidades que experimentan conflictos ambientales,  antes de concluir el tema de disruptores endocrinos, una de las asistentes salió del recinto a toda velocidad. Sin embargo, veinte minutos más tarde regresó, y una vez en el receso fue la primera persona en abordarme. -Profesor, yo no sabía nada de las cosas que usted ha comentado-, mencionó, en un estado de asombro y preocupación.

-Yo no sabía-, es una de las frases más escuchadas en estos encuentros, en donde gran parte de los ciudadanos ignora los riesgos de la exposición a químicos con los cuales conviven todos los días, pero que los medios y la publicidad salvaje, nos venden como pócimas mágicas, imprescindibles, inocuas, y sin las cuales, dejaríamos de ser personas normales en esta sociedad de consumo.

Entre los muchos -yo no sabía- repetitivamente escuchados en estas intervenciones de aprendizaje bidireccional, algunos de los más frecuentes incluyen, el que los pulmones de los niños funcionan como trampas para partículas en forma de aerosoles emanadas de tractomulas o buses viejos, exposición vinculada a enfermedades cardiovasculares crónicas; la capacidad de algunos componentes de limpiadores y productos de aseo de comportarse como hormonas sexuales, con impredecibles consecuencias en mujeres embarazadas; los nocivos efectos de los plaguicidas y metales pesados sobre el desarrollo neuronal y la capacidad intelectual;  y la constante incorporación al ambiente de contaminantes emergentes asociados con el uso rutinario de medicamentos y de aseo personal en los hogares, entre muchos otros.

Sin equivocarme, existe igualmente un desconocimiento generalizado en relación con la liberación sostenida de estireno, un agente cancerígeno, hacia las bebidas calientes desde los recipientes de icopor; o de la migración de reconocidos disruptores endocrinos como el bisfenol A (BPA) a los alimentos o líquidos empacados en plásticos, o desde los recibos de termoimpresoras directo a nuestra piel.

Nunca olvidaré el desenlace de aquella reunión en tierras andinas. -Profesor, qué pena, salí corriendo para buscar a mi prima que trabaja en una peluquería y tiene dos meses de embarazo, le mencioné el riesgo que tiene su hijo de nacer con hipospadia si usa con frecuencia los sprays para el cabello.  Empezó a llorar… me dijo que con uno de los matrimonios del pueblo de los últimos días,  había empleado esos productos con mucha frecuencia-. En ese preciso momento, de respiración profunda, fue contundente reafirmar que la gloriosa Universidad de Cartagena, en sus 190 años de vida, está más vigente que nunca, cerca a la gente, generando bienestar, y desde muchos frentes, haciendo de este país algo en lo que podemos seguir soñando.

 

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