¡Gracias vicepresidente!

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Quiero darle gracias a la doctora Marta Lucía por apoyar a una psicóloga sin que supiera su profesión (eso creo).

A raíz de las declaraciones de la vicepresidente de Colombia que señaló el exceso de psicólogas y sociólogas en Colombia, se ha despertado una polémica, con opiniones en su gran mayoría a favor de estas profesiones. Lo que más me llama la atención es que a partir de un comentario que buscaba que las mujeres miraran hacia otras profesiones, se convierta en un efecto contrario, al darle los medios, redes, personas del común y científicos, un reconocimiento inusual y contundente a las ciencias sociales.

Recién cumplidos 20 años y finalizando mis estudios de psicología en la Javeriana, el director de la facultad me postuló para un alto cargo de la banca en Cartagena, y al no entender que me ofrecieran una oportunidad en un campo que creía no era el mío, ni lo consideré. Hice lo que pensaba era mi área de acción: trabajé en el área de personal de una empresa de servicios, asesorías y entidades educativas.

Tiempo después entendí las palabras del decano: “La facultad prepara individuos versátiles para desarrollarse en campos retadores y que aporten al bienestar de la comunidad”. Y es aquí donde la Dra. Marta Lucía entra a jugar un papel clave en mi vida profesional: en 1998 iniciando un programa entre el sector privado de Colombia y el gobierno de EE. UU. en favor de la seguridad del comercio, se firma en Cartagena el primer acuerdo de cooperación con la presencia del presidente Andrés Pastrana, el Comisionado de Aduana de EE. UU. y la actual vicepresidente, quien en ese entonces fungía como Ministra de Comercio Exterior, creándose el capítulo BASC de Cartagena (Business Alliance for Secure Commerce), plan piloto para la expansión en otros países.

Ella con su gran visión apoyó el programa y me nombró parte de los comités de promoción de las exportaciones, a pesar de las críticas de alguno de los grandes empresarios de esta ciudad, que no me veían como “profesional de peso”.

Con el empoderamiento que me brindó, me impulsó a trabajar por la expansión del BASC en Colombia y en otros países, llevando a que fuese elegida como presidente mundial de esta organización y cuya sede estuvo en Cartagena por más de una década. Me metí en un mundo dominado por hombres: manejar temas de seguridad, logística, comercio internacional, acuerdos con gobiernos, autoridades de control y entidades internacionales, no fue fácil. Entender la economía y necesidades de cada país, tampoco. Pero siempre tuve el apoyo de una mujer que creyó en esta psicóloga. ¡Gracias vicepresidente!

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