Columna


Hablar claro y pelado

GABRIEL RODRÍGUEZ OSORIO

26 de octubre de 2020 12:00 AM

La nación, sobre todo la bogotana, y la clase política nuestra no están acostumbradas a que les hablen claro, en un idioma directo y sin ambages.

García Márquez señalaba en ‘El General en su Laberinto’; que los andinos usan el idioma más para esconder que para decir cosas, en un dialecto ladino y peligroso (tal vez se refería a Francisco de Paula Santander).

Por eso cuando Alicia Arango, la ministra del Interior, habla los diferentes temas que le conciernen a su investidura, produce revuelo. Sencillamente porque a las gentes no se les dicen las cosas como deber ser: directa y al grano. La ministra como ser caribe por excelencia que es, usa un idioma franco, abierto y frentero, y no el que nos tiene acostumbrado sobre todo el periodismo bogotano lleno de perífrasis y tergiversaciones.

Tanto ha sido la manipulación del idioma que ha producido una mutación semiológica y semántica, convirtiendo cosas inaceptables en aparentemente aceptables a los oídos del quien las escucha. Por ejemplo, el secuestro ya no es un secuestro, es una retención.

Yo no quería decirlo, pero los periodistas andinos tienen el país en ascuas. Ellos al mando de Santos Calderón dividieron tanto a la nación que existen dos idiomas para hablar de cualquier tema. Entonces cuando la ministra habla produce urticaria, porque los pone a ver la verdadera dimensión de las cosas y no lo que el periodismo y la clase política andina quiere que veamos. La ministra destruye sin pretender hacerlo esa sutileza típica del interiorano para llamar las cosas con otro nombre. Pero lo peligroso de esa postura anfibológica y llena de ambigüedades es la de utilizarla para atacar al gobierno del presidente Duque, uno de los mejores como tenía tiempo no se vivía. Se podría decir que ha vuelto la decencia a gobernarnos. La decencia de hablar claro y preciso, sin sutilezas y ambigüedades.

Los interioranos y todos en general se habían acostumbrado a vivir en la incertidumbre de utilizar mal el idioma para beneficio de unos pocos o de una postura ideológica. Me atrevería a decir que el problema no radica en las diferencias como tal, sino en el mal uso del lenguaje, ese que se usa más para esconder que para decir las cosas con claridad meridiana, así como lo hace la ministra Arango. Recuerdo que los ministros del Interior de antaño no tenían mayores cosas que lidiar a pesar que la violencia política ha sido el plato de todos los días. Pero todo cambio cuando el idioma convirtió en legal lo ilegal y lo ilegal en legal. Quisiera saber que dice la Real Academia de la Lengua cuando algunos colombianos deciden llamar al secuestro una retención.

Por eso el país necesita de personas y funcionarios que hablen claro, sin equívocos, en un idioma directo y sin ambages como el que usa la ministra Alicia Arango o como el que usaba Fabio Echeverri Correa.

Arquitecto*.

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