Hacer lo que sea

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Duele, afrenta, que esa orden, hacer lo que sea, también sea, por enésima vez, la de dar de baja sin fijarse en quién, la de los falsos positivos, que vuelve sedienta de venganza y sangre a poner sus huevos letales sobre miles y miles de colombianos, víctimas irredentas de la herida abierta en sus almas.

Y en el alma de todos los colombianos. Y en el alma de nuestras FF. AA., de la institucionalidad, del Estado Social de Derecho, de la democracia, los partidos políticos, la Justicia, el Congreso; de la sociedad colombiana que cerró los ojos, el corazón, la conciencia, antes que el paso y el deber constitucional y moral de impedirlo, a un genocidio continuo comparable por la historia a los padecidos en los tiempos de Hitler.

Si las “órdenes” del Comando del Ejército Nacional, ver The New York Times, versión en inglés y español, son las macabras de “duplicar” los resultados, “incluidas las muertes” de civiles, esto se va a poner peor que en los tiempos de los “falsos positivos”, en los que se pagaba por campesino vestido de guerrillero “dado de baja”, como registran los testimonios y pruebas que dieron pie a la justicia para condenar a muchos militares y policías por el delito de ejecutar civiles inermes bajo el pretexto de ser guerrilleros o delincuentes.

Unos y otros acogidos con generosidad y gozando de libertad algunos, igual que guerrilleros y paramilitares, por la misma JEP que se pretende eliminar.

Como si cuanto padeció Colombia en el primer capítulo, transcurrido a mediados de la década de los 2000, hubiese sido apenas el abrebocas de los cada vez más trágicos y macabros que vendrían en serie y ya están en cartelera, con más asesinatos y desaparición de civiles, líderes sociales y guerrilleros desmovilizados, todo apunta que el segundo capítulo de “falsos positivos”, aumentado y corregido para mayor efectividad y resultados como lo pide el renovado libreto, ya marca indeseable rating.

Y si, como han afirmado algunos de los actores principales de la que acaba de conocerse, con sobresaliente y premiada actuación en la primera por los “asesinatos generalizados y desapariciones de civiles” que llevaron a cabo, están otra vez en el set de reparto y manifiestan haber “regresado a lo que estábamos haciendo antes”, según The New York Times, lo más saludable y conveniente es que esa producción, por su contenido criminal, sea suprimida para siempre de la cartelera colombiana.

Al presidente Duque, cuya formación en democracia, civilidad y humanismo, se da por descontado, le cabe e impone la decisión histórica, moral, de acabar, de borrar el libreto de los “falsos positivos” del alma de los colombianos, de nuestra historia, de nuestras Fuerzas Militares.

De las políticas de seguridad de la nación que gobierna, administra y comanda. ¡Adelante!

*Poeta

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