Columna


¡Hagamos la verdad!

PADRE RAFAEL CASTILLO TORRES

12 de septiembre de 2021 12:00 AM

La semana por la paz que hoy finaliza ha puesto a Colombia en Modo Verdad. Muchas han sido las participaciones de diferentes sectores en su celebración, dando vida al lema que nos ha convocado y animado: ¡Verdad que podemos!

La veracidad ha sido siempre una preocupación importante en nuestra educación. Lo hemos experimentado desde pequeños cuando nuestros padres y maestras entendían muy bien nuestra naturaleza de “pelaos traviesos”, pero no toleraban la malicia de nuestras mentiras. Así aprendimos a decir la verdad y fuimos conscientes de que decir la verdad era algo importante.

Pero en este camino por mantener la veracidad en nuestras palabras y acciones tenemos un desafío muy serio. Hemos crecido teniendo la palabra, hablada o escrita, como el único vehículo adecuado para anunciar algo. Para la Biblia, en cambio, no es exactamente así. En las Sagradas Escrituras la verdad no se dice, sino que se hace: “Dabar” significa tanto hecho... como palabra. Por eso cuando en ellas se llama a Dios veraz es porque Dios, lo que dice... lo hace. (Génesis 1, 3-27). Santo Tomás de Aquino dirá más tarde en su comentario a la 2ª Carta a los corintios: “El decir de Dios es hacer. Dijo y así lo hizo”.

Nos ayuda, para nuestros intereses, aquella anécdota del rabino al que le anunciaron que por fin había llegado el reino de Dios. Él abre las ventanas, mira a la calle, se vuelve, y dice: “No es verdad porque no veo que haya cambiado nada”. Si la verdad se hace y se debe ver, entonces lo contrario a ella no es la mentira, sino la decepción de no poder señalar con el dedo ese nuevo orden de cosas que indican el acontecer de Dios en nuestra Historia.

La verdad tenemos que hacerla, precisamente por ser un pilar sobre el cual descansan nuestra conciencia moral y nuestra convivencia. ¿Podemos vivir con dignidad si no tenemos verdad? ¿podemos tener convivencia justa ocultando la verdad? La verdad es una exigencia fundamental.

Si alguna lección hemos aprendido en estos años de violencia es que, si bien se condenan con vehemencia, atropellos y abusos, no siempre se denuncia, con la misma firmeza, la mentira con que se enmascaran. Las injusticias se alimentan siempre con la mentira. Falsear nuestra realidad con mecanismos torcidos que influyen en la opinión pública, nos ha llevado a una guerra fratricida por casi 60 años.

Cuando ocultamos la verdad empiezan a desaparecer los contornos del bien y del mal. Ya no distinguimos lo justo de lo injusto y la mentira no nos deja ver las injusticias. No obstante, todavía hay personas que tienen su mirada limpia y ven la realidad tal como es. Ellos están atentos al sufrimiento de las víctimas y, tercamente, siguen poniendo y haciendo la verdad en medio de la mentira.

*Director del PDP Canal del Dique.

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