Columna


Hay que ser más formales

SOQUI RODRÍGUEZ

22 de enero de 2022 12:00 AM

Leí con gran ilusión el titular de El Universal el 10 de enero que rotulaba ‘Dau pidió ayuda a Duque para proyectos presentados en Bogotá’. Esas palabras en negrilla me alegraron el alma y despertaron esperanza ciudadana en mí. Finalmente, nuestras necesidades estaban buscando recursos y apoyo nacional. Cavilando sobre nuestro alcalde alcancé a pensar en las palabras de J.R.R Tolkien quien asegura que “no todos aquellos que viajan sin rumbo están perdidos”. Nos había llegado la hora de hacer las cosas bien.

Poco duró mi felicidad al continuar leyendo la noticia. No había sido una reunión formal. Simplemente se había aprovechado la venida del presidente para, de manera folclórica y desprevenida, solicitar un “empujón” a proyectos radicados por varias secretarías.

Es tradición de los alcaldes Cartageneros cultivar las constates visitas de los ministros y altas carteras nacionales para comprometerlos en ayudas a la ciudad. No obstante, todo tiene un protocolo y requiere de un trámite que va más allá de unas palabras en un discurso. Arrancar diciéndole al presidente de la República: “Este encuentro con usted me cayó como una pedrada en el ojo tuerto” no es la forma apropiada para pedir apoyos que requieren miles de millones de pesos. Esa informalidad no recauda fondos ni genera confianza. Ya bastante difícil nos es a los costeños lograr respeto en la capital. Esa bacanería que aparenta ser graciosa no es bien recibida fuera de la costa y aun acá no ayuda ni para el crédito de un carro. Pedir dinero requiere seriedad, sustentación y una posición que demuestre sensatez. La realidad requiere mucho más que el “empujoncito” que pidió Dau a Duque. Son muchas ciudades y departamentos pidiendo colaboración económica del Gobierno central. Y es allí donde los senadores que tanto odia el Tractor, ayudan. Hay que hacerle el lobby a los ministros, Planeación Nacional y a todos esos entes que puedan dar recursos para macroproyectos. Hay que dejar la manga corta y ponerse el saco con todo lo que eso implica. A los cachacos no les gusta la mamadera de gallo y son fanáticos de las cifras. Nuestro folclorismo en las oficinas estatales lo consideran irrespetuoso. Hablarle al presidente Duque diciéndole... “Pensemos que en pocos meses ya viene un cambio de gobierno...” tampoco fue cortés. Él sabe que se va y, más aun, estará en Ley de garantías y no podrán firmar contratos. Me imagino que se debió sentir en una encerrona para justificar la petición de una ambulancia acuática y un centro de salud para el Islote cuando en realidad ninguna de las dos cosas es un macroproyecto.

La situación es que este es un país centralista y si queremos entrar en la billetera de la nación debemos ser más formales y respetuosos. Igual debemos serlo en el extranjero y en los viajes cuyo fin es conseguir recursos.

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