Columna


Homeostasis

JESÚS OLIVERO

JESÚS OLIVERO

13 de enero de 2017 12:00 AM

La homeostasis es una propiedad de los organismos de mantener las condiciones adecuadas para su normal funcionamiento. Cuando está alterada, llegan las enfermedades. Cartagena es una ciudad enferma, perdió su homeostasis. Un titular de prensa señaló que la ciudad vive un boom inmobiliario y turístico, pero está sumergida en una crisis de gobernabilidad y pobreza.

¿Qué pasa? Muchas cosas, pero un sector clave en este desbalance homeostático en la Heroica es la construcción. En los últimos años, levantaron cientos de edificios, la mayoría en estratos altos. Los apartamentos oscilan entre cuatrocientos y varios miles de millones de pesos, solo alcanzables por un pequeño grupo de personas, la mayoría foránea. Esto presiona el consumo de agua, electricidad y producción de residuos sólidos y líquidos, acción que debe compensarse.

La riqueza derivada del exacerbado crecimiento vertical necesita reflejarse en bienestar general, solo así puede mantenerse la homeostasis. Si no es así, ¿de qué sirve ese boom? Al existir pocos beneficiarios -constructores, curadurías y la industria del concreto-, aflora el desequilibro urbano, comúnmente denominado iniquidad.  

Una posible solución es que el Concejo apruebe un impuesto al menos del 10% sobre la venta de cada apartamento nuevo  para estratos altos, así como otro directo a las curadurías, y deben dirigirse a construir viviendas en áreas vulnerables, no de interés social, sino de dignidad humana.

Otro factor de inequidad o alteración de la homeostasis urbana es la industria del concreto. Quizás 90% de este material lo provee aquí una empresa con ganancias multimillonarias, pero con mínimos aportes como contrapeso a la balanza de la desigualdad. Sorprende que en semejante clímax de ventas, incluso tenga su propia zona franca, es decir, paga menos impuestos, con lo cual, según la prensa, en sus inicios ahorraba por lo menos 11 millones de dólares al año, directo a sus dueños.

Están bien los incentivos, pero a cambio de algo para la ciudad. No ha sido empleo. Usar al menos el 50% de esos ahorros para inversión social haría una buena diferencia. Cuando no es recíproco lo que se deja de pagar por impuestos y lo aportado a la comunidad, la homeostasis se debilita y el resultado es la Cartagena actual.

Ejemplos similares están en el turismo, puertos e industria. Presionan y exprimen el sistema hasta el límite. Comprometer la homeostasis de Cartagena puede conducir a la anarquía y al colapso total. Ojalá reaccionemos y actuemos. Una tormenta como Matthew, un poco más cerca, puede ser el detonante. Nuestro espejo, New Orleans. Ella aún no se recupera y nosotros nunca lo haríamos.
*Profesor

JESÚS OLIVERO*
@joliverov