Columna


Il Bel Canto

JESÚS OLIVERO

02 de julio de 2021 12:00 AM

Aquellos con la suerte de contemplar el recital de voces y orquesta “La ópera barroca: de Monteverdi a Händel”, no solo disfrutamos de una experiencia fantástica con un alto impacto favorable sobre los sentidos, también sirvió para refrendar a La Heroica como escenario con el potencial para ser lo que se proponga, y mucho más.

La sincronía de la Orquesta Filarmónica Juvenil de Bogotá, las voces celestiales de las y los artistas, así como la magia del director, todo conjugado en un escenario fascinante, muestra a viva voz que todo es posible, aun cuando la adversidad parece apretar con más fuerza el cuello de una sociedad que segundo a segundo pierde la esperanza de un porvenir más benigno.

Cartagena es un imán radiante de alegría y entusiasmo, cuenta con gente trabajadora, figuras notables tanto en lo público como en lo privado, pero aún sigue sin una dirección que orqueste los cambios fundamentales requeridos para mejorar su bienestar.

Si algún turista internacional tiene la oportunidad de presenciar unos segundos la versión de Il Bel Canto disponible en forma gratuita en las redes, con absoluta seguridad pensará que en esta ciudad existe un orden mínimo y jamás imaginará un basurero y una escombrera bajo el puente entre la ciudad amurallada y la principal atracción turística. Por muy paupérrimas que sean las ideas de mejora en una administración, algo como eso, simple pero tan impactante, no puede pasar desapercibido.

Imagino que las directivas del festival tendrán muchas dificultades explicándole a los invitados internacionales las razones detrás de la acérrima asimetría y el desorden en esta aldea. Pero, sin duda, el festival mismo, con el derecho ganado por su labor magnánima en favor de la imagen de Cartagena y el país, también puede exigirles a las autoridades mayor compromiso y acciones reales en materia de basura en la ciudad, por solo mencionar un problema visible.

La ciudad es linda, pero apenas uno sale unos metros de la zona amurallada, la pobreza y las características clásicas de los países tercermundistas aparecen de inmediato. Es un comentario escuchado con frecuencia de colegas visitantes del corralito. Esto no tiene que ser así, ni perdurar por los siglos de los siglos. Tampoco es responsabilidad única del mandatario de turno, todos estamos involucrados y debemos actuar. Claro, el director debe mostrar la batuta y armonizar todos los frentes para generar un resultado parecido a las bendiciones artísticas que el Festival de Música logra forjar para propios y extraños, alejándonos, al menos por un momento, de los dolores del horror y la sombra.

*Profesor.

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