Columna


In Memoriam: Guerreros de Batas Blancas

HENRY VERGARA SAGBINI

11 de octubre de 2021 12:00 AM

Las naciones decentes rinden culto perpetuo a los héroes anónimos que ofrendaron sus vidas preservando los valores supremos de la patria, y solo Dios conoce sus nombres.

En París, bajo el Arco del Triunfo (noviembre 11 de 1920) inauguraron el primer monumento in memoriam de millones de soldados sin rostros asesinados durante la Primera Guerra Mundial.

Idéntico homenaje aparece en el Cementerio Nacional de Arlington, Estado de Virginia, en honor al ‘Soldado desconocido’, pero jamás olvidado.

Hoy las cosas han cambiado: el campo de batalla son las Unidades de Cuidados Intensivos (UCI) y el enemigo que nos acecha es invisible y no porta fusiles, sino espículas venenosas.

En Colombia, acostumbrados a preservar la memoria de los guerreristas, reconozco públicamente mi incorregible ingenuidad, al proponerles a ustedes inmortalizar a los ‘Soldados mansos de Batas Blancas’ caídos, desde noviembre de 2019, cuando descubrieron las huellas dactilares del asesino SARS-CoV-2, alias ‘Covid-19’, devorador de pulmones humanos, su platillo predilecto.

El esfuerzo descomunal de la ciencia médica rescató de la extinción, una vez más, a la especie humana fabricando vacunas, escudos protectores, que pararon en seco al insaciable depredador proveniente de la enigmática China.

Lastimosamente, prevalece la avaricia que convierte el dolor ajeno en oportunidades de negocios, y los 10 países más poderosos, acapararon el 90% de las vacunas, olvidando que “nadie estará a salvo mientras todos no estemos a salvo”.

Oficialmente (marzo 6 de 2020) descubrieron que el enemigo nos resoplaba en el cuello y, después de dos largos años, 126.517 colombianos marcharon, dolorosamente, a la eternidad, entre ellos 270 miembros del sector de la salud: médicos, enfermeros y enfermeras, auxiliares, camilleros, conductores de ambulancia, héroes humildes y silenciosos que ofrendaron su vida enfrentando la incontenible avalancha de pacientes en centros hospitalarios oficiales, casi todos, de vergonzosa precariedad.

No parece casual que nuestro eterno conflicto armado cercene, anualmente, la lumbre de 110 humildes soldados y policías, cifra muy cercana a las bajas infringidas, en el mismo periodo, por el Covid-19, al ‘Ejército de Batas Blancas’, quienes masacrados en sus derechos laborales, sin un céntimo en los bolsillos, ofrendaron sus vidas preservando la de miles de pacientes. Hoy esos héroes de la salud están olvidados cual perros callejeros.

Aseguran que es una utopía, pero aun así buscaré cómplices que se atrevan a soñar con un gigantesco obelisco de cara al sol de la justicia, grabado con los nombres y apellidos de estos héroes silenciosos y pacíficos, entre los cuales, con absoluta certeza, no estará ningún gerente de EPS.

Ellos mueren de viejos.

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