Columna


Inseguridad y criminalidad

PABLO ABITBOL

07 de julio de 2023 12:00 AM

Uno de los elementos más importantes que hay que tener en cuenta a la hora de analizar los problemas sociales y diseñar políticas públicas para enfrentarlos es la distinción fundamental entre percepción y realidad. Las realidades humanas son muy complejas, llenas de variaciones y matices, son fruto de múltiples causas entrelazadas, incluso inasibles por la misma mente de sus protagonistas.

Nuestra percepción de lo que ocurre en la realidad es ineluctablemente limitada y lo que creemos ver va teñido por nuestras perspectivas y sesgos. Comprender nuestra vida cotidiana exige humildad epistemológica, indagación profunda y una amplia deliberación entre diversas miradas. Es por eso por lo que en ciudades con problemas tan complejos como Cartagena es crucial poner en diálogo diversos puntos de vista que puedan nutrirse de miradas científicas y claridades académicas.

Las violencias que nos aquejan son uno de esos asuntos públicos que deberían ser objeto de una más amplia y profunda deliberación ciudadana. En ese ámbito, una distinción que añade gran claridad y promete vías de intervención innovadoras es la que existe entre inseguridad y criminalidad. Y esta es una distinción que surge, precisamente, de la diferencia que hay entre percepción y realidad.

Según datos de la encuesta más reciente de Cartagena Cómo Vamos, por ejemplo, mientras que tan sólo el 26% de la ciudadanía se siente segura en la ciudad, apenas un 17% de las personas encuestadas fue víctima de un delito. La percepción de inseguridad es distinta de —y de alguna manera se encuentra en tensión con— la realidad de la criminalidad que efectivamente sufre la ciudadanía. Esta disonancia cognitiva colectiva se ve sistemáticamente corroborada por las encuestas de años anteriores, así como por datos del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane).

Si adoptamos una mirada comparada, el asunto se vuelve aún más interesante: Bogotá presenta un nivel casi dos veces mayor de victimización que Cartagena, a pesar de que ambas ciudades tienen el mismo nivel de percepción de inseguridad. Y, mientras que Cartagena y Medellín tienen casi el mismo nivel de victimización, en la capital antioqueña la percepción de seguridad es dos veces mayor.

Investigar a fondo estas variaciones y construir conocimiento útil para tomar decisiones de política pública que distingan entre inseguridad y criminalidad debería ser un eje fundamental de inversión de recursos públicos y diálogo ciudadano.

Las opiniones aquí expresadas no comprometen a la UTB ni a sus directivos.

*Profesor del Programa de Ciencia

Política y RR. II. UTB.

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