Columna


Insensatez e incoherencia

GABRIEL RODRÍGUEZ OSORIO

19 de julio de 2021 12:00 AM

Si la izquierda colombiana no fuera tan insensata e incoherente, hace mucho tiempo hubiesen llegado al poder, porque lo cierto es que el inconformismo es total, la inequidad es mucha. El Estado solo existe en el papel, y los niveles de pobreza siguen siendo aterradores, aunque el país haya avanzado en algunos aspectos sociales y económicos, como la cobertura en salud, el Sisbén, el desarrollo empresarial —a pesar del gran rezago a nivel mundial—, el mayor acceso a la educación, sobre todo la universitaria, que en general todavía no es de amplia cobertura.

Sin embargo la izquierda no ha sabido aprovecharlo y siempre sufre el castigo y el rechazo en las urnas. No hay nada que moleste y aleje al votante a la hora de elegir, como la incoherencia de un líder o un partido político. Sencillamente porque da miedo tanta insensatez, es como tener un hijo loco, lo amas, es el amor más grande, pero está desquiciado y al final no apoyas totalmente tanto disparate. El catálogo de incoherencias es abundante e inconcebible; dicen una cosa, pero practican otra, empezando por sus máximos líderes: Fidel Castro y Hugo Chávez, quienes proclamaban que ser rico es malo, sin embargo vivían como jeques árabes, rodeados de grandes lujos y con cuentas bancarias millonarias en dólares, las que han sido heredadas por sus proles. La hija de Chávez es poseedora de una colosal fortuna, que dice ella, hizo vendiendo productos Avon.

En España el jefe de Podemos critica a quien se compra una vivienda costosa y lujosa, pero después se compra un chalet más caro todavía.

En Colombia el catalogo es copioso. Odian a los ricos, pero viven como tal, viajan en aviones en primera clase y usan ropas de marca. Detestan a Estados Unidos —al que llaman Imperio—, pero no salen de sus fronteras.

La izquierda culpa al presidente Iván Duque de los altos niveles de contagio por COVID-19, pero desconocen —aunque estaba advertido— haber asistido a marchas multitudinarias que dejan ver las consecuencias en el alto número de muertes. Son como hijo loco, les importa un bledo todo porque creen tener la razón. Los derechos humanos solo sirven cuando es para ellos, pero si es para una ideología diferente es una violación a tales derechos —solo leer el informe del CIDH—. Si un delincuente mata a un policía es en defensa propia, pero si un policía mata a un delincuente es un asesino. Si el corrupto es de izquierda, lo defienden, pero si es derecha lo acusan. La izquierda respalda el aborto y niega la vida, pero defiende a ultranza no matar una cucaracha. Para la izquierda la moral es un valor de derecha —cuanta insensatez—. Cuando emigran a otro país no se van a Cuba, Nicaragua o Venezuela, sino que van al Imperio. ¿Quién los entiende?

Son como un hijo díscolo; por eso, al final, nadie con un grado de sensatez vota por ellos.

*Arquitecto.

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