Invasiones y ecosistemas

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Es increíble cómo en los últimos meses han invadido los manglares de la ciénaga de la Virgen frente a La Boquilla. No se entiende cómo el Distrito y la Alcaldía Local han permitido esa invasión. En menos de un año han creado un nuevo “barrio” ante el silencio de las autoridades. Se supone que el puente de 1.6 kilómetros sobre la ciénaga se hizo para no causar daños a los manglares y para preservar ese valioso ecosistema.

Pero la falta de autoridad ha permitido que, a diario, la gente siga rellenando los manglares con escombros traídos de diferentes sitios de la ciudad. Es triste ver cómo han ocupado el espacio de dichos manglares de la Ciénaga de la Virgen, a un costado de la carretera que conduce hacia Barranquilla en todo el frente de La Boquilla. Ya, donde antes había mangle, ahora hay todo tipo de viviendas y negocios: casas de madera y ladrillo, talleres mecánicos, viveros y ¡hasta un parqueadero 24 horas! En cualquier otra parte del mundo, la autoridad competente hubiera reaccionado de inmediato para evitar esta tragedia ecológica. Es increíble ver cómo se roban la energía eléctrica en esas invasiones sin que las autoridades reaccionen.

No solo es un daño ecológico, sino también un problema de orden público y de inseguridad. Es la vía principal de una de las entradas más importantes de Cartagena. Un área donde se ha hecho una inversión sin precedentes, no solo por el puente sobre la ciénaga sino también por todo el proyecto urbano del norte de la ciudad, donde va a quedar una terminal de transporte, un gran hospital, además de centros educativos y de vivienda.

En pocos días esa será una vía de un solo sentido, donde ingresarán todos los carros que vienen del norte de la ciudad y de Barranquilla. Pero se van a encontrar con los habitantes de esta invasión en plena vía principal, porque las personas que ya están radicadas allí, no solo se apuestan sobre la carretera de manera temeraria, sino que pasan al otro lado de la vía (hacia el costado de La Boquilla) como si fuera el patio de su casa. Eso representa un peligro para ellos mismos y para los conductores, pues por muy despacio que se transite es difícil evitar la imprudencia de los transeúntes de la invasión que se cruzan impávidos, como retando a los conductores.

¿Habrá personas “de bien” que han propiciado esto para luego alegar posesión y demandar al Estado en defensa de los raizales en el momento que se erradique la invasión? Lo cierto es que Cartagena tuvo la oportunidad de tener una entrada a la ciudad, digna y organizada. Pero la falta de autoridad lo ha impedido.

*Periodista. Internacionalista, especializado en Cultura de Paz y Derecho Internacional Humanitario.

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