Invisibles

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La situación de emergencia generada por la pandemia del COVID-19 trajo, como lo hemos dicho, innumerables acciones políticas, económicas y sociales para intentar compeler el peligroso enemigo. Muchos mandatarios se encuentran en una entendible pero no compartida disyuntiva; ordenar el aislamiento total y con ello impactar negativamente el comercio o evitar el cierre de mercados conservando el flujo habitual de individuos, con lo que se arriesgaría la salud global. Solo por prurito, recurro a la navaja de Occam: “La explicación más simple y suficiente es la más probable”. Es definitivo que sin vida ningún otro bien o derecho tiene razón de ser, por eso los esfuerzos, sin dubitación, tienen que encaminarse a mantenerla, a menos que existan motivos egoístas, perversos y oscuros tras la crisis.

En buena hora el gobierno colombiano ordenó la cuarentena preventiva obligatoria, por creerse la medida más efectiva según los científicos. Sin embargo, no podemos negar que esa necesaria circunstancia perjudica en gran manera -tanto o más que el contagio- a las clases menos favorecidas, esos que viven del rebusque diario, siempre y cuando la sociedad transite por la normalidad.

Para estas personas el encierro ineludible sin recursos que garanticen la subsistencia trae serias dificultades, en principio precisar si cuentan con un lugar donde cumplir el recogimiento, numerosos son los habitantes de la calle para los que no habrá albergue que aguante, otros pagan arriendo a quien vive de la renta, este último también tendrá problemas. Pero, supóngase que se cuenta con un lugar donde refugiarse, ¿cómo se alimentan? La administración nacional, regional y local proyectó llevar ayudas a la comunidad, pero ¿serán suficientes?, ¿existen los recursos necesarios? Las respuestas deben ir más allá del idealismo, ser objetivas y sin expectativas utópicas.

Los asociados estarán en aprietos, el hambre hará de las suyas generando natural desespero y la sucesiva rebelión. Para evitar un desenlace fatal e indeseado nos corresponde como ciudadanos, antes de opositores profesionales, poner un grano de arena y ser verdaderamente solidarios, mirar a los lados en nuestra familia y fuera de ella para socorrer, dentro de lo posible, al necesitado. Si confiamos en el auxilio estatal muchos pasarán penurias, incluso niños y adultos mayores.

Llegó el momento de ser fraternos y romper las cadenas del egoísmo, de más está la crítica al sistema político, para eso habrá tiempo, ahora la humanidad depende de héroes de amor, aquellos cuyo súper poder radica en ver como hermanos a los ciudadanos invisibles, quienes ya no cantarán rock desesperados, al ritmo de ‘Callejeros’, una nueva noche fría: “Y mis ojos maltratados se refugian en la nada y se cansan de ver un montón de caras y ni una sola mirada”.

*Abogado

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