Involucrarse en la praxis

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Entre editoriales y columnas viene tomando fuerza la idea de crear un “fondo” con destinación específica para enfrentar el problema de la pobreza extrema en Cartagena, manifiesta Jorge Rumié en su columna de opinión 15 de marzo en este diario. Desde el día que tuvimos la oportunidad de coincidir personalmente junto con Danilo Hernández, el entusiasmo por hacer realidad la causa, llevó a varias horas de charla. Pensar en la pobreza como flagelo, situación de desastre y calamidad, como necesidad urgente por resolver, es darle oportunidad a seres humanos inmersos en ese estado de cavilar con mayor claridad sobre sus encrucijadas y condiciones de vida, para así ser y formar parte de una sociedad que hoy los mira con indiferencia, muchas veces rechazados, a su vez los utilizan por su misma condición, sometiéndolos a abusos e improperios, haciendo de ellos una herramienta y presa fácil de una política corrupta que compra votos a cambio de unas prebendas mezquinas, acomodadas para la consecución de fines pocos transparentes.

La ciudad tiene que desarrollarse en todos sus aspectos y para ello urge enfrentar la pobreza que cada vez más abre sus tentáculos hacia el abismo. Para lograr el “fondo”, se propone alimentarlo con los recursos “que por concepto de Industria y Comercio estará recibiendo la Alcaldía con el excelente desempeño de Reficar”. Doctor Rumié, sus fines de compromiso social merecen todo el sí, con el apoyo del alcalde Pedrito Pereira, sería bueno que los hechos vayan solidificando las estrategias necesarias para contar con esos recursos que llevarían a Cartagena a una planificación de vida y desarrollo de manera equilibrada. Comienzo a soñar y pienso en la educación y me gustaría también pensar que no es solamente la de aprender a sumar, a conocer el vocabulario y a construir frases, me gustaría que en cada comunidad de menos recursos, se hicieran propuestas de academias que funcionaran en el mismo barrio o sector, en disciplinas que reafirman la esencia de las personas, deportes, todas las artes: teatro, baile, canto, pintura, talleres de lecto-escritura, competencias ciudadanas, con personas especializadas en ello. Hacer censos en el barrio y después de la escuela, brindarles la oportunidad de que se perfilen en algo que realmente les guste y así, desde pequeños y sin tener que recorrer grandes distancias, puedan explorarse y transformarse como personas en pro de su individualidad y una sociedad que reclama a gritos “educación”, más acción, más ejecución, más apertura. La inversión para esto es de grueso costo, pero si se busca cambiarle el chip al tejido humano y al progreso, esto sería un excelente camino.

*Escritora

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