Columna


Ironman

JESÚS OLIVERO

29 de julio de 2016 12:00 AM

Hace algunos días uno de los atletas que participarán en Ironman Cartagena 2016 me escribió manifestando su preocupación por la calidad del agua de la bahía de las Ánimas, en donde será una de las competencias del famoso triatlón en diciembre próximo. Según su página oficial, los competidores nadarán 1,9 kilómetros desde el Centro de Convenciones.

Como escribí en la columna La clavada de las Ánimas, nadar en estas aguas putrefactas es un riesgo innecesario para los atletas y la ciudad. Para los atletas porque el agua tiene muy poco recambio y las condiciones ambientales favorecen incluso hasta la aparición de mareas rojas.

Si los organizadores respetaran a los atletas, lo mínimo que deberían solicitar a la ciudad es una caracterización microbiológica de esas aguas, no solo indicando las concentraciones de coliformes totales y fecales, sino las de bacterias de interés clínico y su perfil de resistencia a antibióticos, además de virus y otros patógenos. Que uno o varios de estos atletas enferme sería en extremo lesivo para la ciudad, cuyo bastón de supervivencia es el turismo.

Pero así como puede ocurrir un efecto agudo, quizá no ocurra nada en los días subsiguientes. Sin embargo, la naturaleza puede tomarse su tiempo. Tal vez, un grupo de bacterias resistentes a antibióticos encuentre en la cavidad oral un sitio cálido y lleno de nutrientes donde quedarse en santa comunión con otros organismos. Y un día, años después, cuando a esta persona se le bajen las defensas, aparecerá la oportunidad para que las bacterias afecten severamente la salud del infectado. Simples especulaciones, ojalá nunca ocurran, pero su probabilidad es superior a cero. 

Aunque el problema de la calidad de las aguas de nuestros ecosistemas es grave, las acciones para controlarlas son tímidas y requieren decisiones con carácter y recursos financieros, del turismo, por ejemplo, cuyos máximos dividendos quedan en unas pocas familias, y así esta ciudad nunca podrá ser sostenible, como la quieren vender. Dejemos la ceguera y trabajemos para mejorar la situación, sin ocultar esos problemas que no conducen a nada.

De alguna forma debemos empezar a ser racionales con nuestros retos ambientales, y aceptar y asumir que tenemos dificultades en muchas áreas. El nombre Ironman, hombre de hierro, es el más adecuado para un individuo que ose degustar esas aguas. El deporte es el sustento de muchos, pero practicarlo en situaciones extremas puede generar muchas dificultades. Por favor, hagan ese evento a mar abierto, así mostramos nuestro respeto por el turista y los deportistas que nos visitan. 

*Profesor

JESÚS OLIVERO*
@joliverov