Columna


Isla de Tierrabomba

MARIO RAMOS VÉLEZ

06 de agosto de 2022 12:00 AM

Por invitación de la Armada Nacional tuve la grata oportunidad de estar presente el pasado domingo, en la entrega de dos modernos embarcaderos para uso de las comunidades de Tierrabomba y Punta Arena, cumpliéndose así una ilusión de los nativos, quienes adolecían de un lugar adecuado que facilitara el embarque y desembarque de sus pobladores.

Esto se dio gracias a la Armada Nacional y a una promesa del presidente Duque un año atrás, quien les cumplió y se hizo presente en su entrega. Ahora les corresponde a los pobladores hacer buen uso de los mismos y al distrito hacerle los mantenimientos preventivos periódicos de manera oportuna, so riesgo que, de no hacerlo, en corto tiempo estos muelles se deterioran y desaparecerán como usualmente sucede por dejadez estatal.

En la entrega de los embarcaderos vimos a una comunidad feliz con este regalo, como si les hubiese llegado el niño Dios, a pesar de las tantas necesidades básicas, para lograr una vida digna como seres humanos, causada por negligencia de quienes han pasado por las administraciones distritales, que al ignorarlos carecen de servicios básicos de acueducto, donde el 88% de los hogares utilizan el agua de la alberca comunitaria o agua envasada en pimpinas, no cuentan con alcantarillado, ni con buenas escuelas, ni tampoco con una oferta al menos de educación técnica laboral. La infraestructura de atención en salud es ineficiente y las urgencias deben ser atendidas en Cartagena. Lo que se vive en esta isla paradisiaca es un gran abandono social, con un paisaje visual muy desigual al frente, con los altos y costosos edificios sobre la bahía de Cartagena. La isla posee 1.984,99 hectáreas de superficie, con 9.000 habitantes y está a 1.5 km de Cartagena, está divida por 3 comunidades: Bocachica, Caño de Loro y Tierrabomba, esta última tiene como vereda a Punta Arena y por su ubicación geográfica, está expuesta a procesos de erosión costera, por lo cual se encuentran en riesgo de inundación. Es de alta prioridad la mejora de las condiciones de vida de su población, quienes han vivido varios siglos de olvido por parte de las autoridades. Durante la administración del primer alcalde de elección popular Manuel Domingo Rojas, se abrió una licitación para la construcción de un puente y llevar los servicios públicos a la isla, la cual no pudo adjudicarse por finalización de su periodo, siendo esta archivada por la siguiente administración. La isla pide a gritos su pronto desarrollo urbano que la transforme en un icono de progreso como potencia urbana y turística, capaz de competir a nivel internacional. Nunca debemos olvidar que sin justicia social nunca habrá paz en nuestro país, porque aun cuando la injusticia no justifica la violencia, sí la genera de múltiples maneras.

*Rector de Unicolombo.

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