Columna


Junior 1949-2020

MIGUEL YANCES PEÑA

26 de octubre de 2020 12:00 AM

‘El Flaco’, como le llamábamos muchos, partió de este mundo el 20 de octubre dejando un vacío entre sus familiares y amigos, que nada ni nadie podrá llenar. Fue un ser irrepetible: inteligente –¡muy inteligente!– pero humilde; bondadoso, desprendido, amigable y dotado de un buen sentido del humor, pero malo como cuenta chistes. Los gratos recuerdos matan el dolor de la partida.

Esa época que nos tocó vivir propició profundos lazos afectivos entre hermanos, familiares y amigos. Sin televisor, ni Internet; escaso transporte y calles sin pavimentar; en que el mundo eran las cuatro cuadras más cercanas a la casa, las puertas de las casas permanecían abiertas, y todas eran la nuestra; en el que todos nos conocíamos y tratábamos sin distingo de edad, ni ningún otro, pero respetábamos a los adultos; en el que pasábamos jugando de todo: beisbol, bolita de caucho, fútbol, tapita, uñitas, trompo, al escondido, a los vaqueros, robando frutas en patios ajenos, construyendo y elevando barriletes, desarmando y armando bicicletas, bañándonos en los aguaceros y en el mar, corriendo o inventando nuevos juegos; y en el que nos peleábamos a los puños, o con guantes de boxeo, pero al rato asunto olvidado. Cada cual se lucía con su talento nato, sin envidiar ni ser envidiado por nadie. Había un filósofo entre nosotros, ‘El Tico’ Benedetti; un bailador de salsa, Álvaro Gonzales; rondaba un loco amigo de todos, mambo loco, porque parecía que llevaba la música por dentro. Ese mundo en el que, si a un amigo le gustaba una ‘pelaa’, era tan sagrada para el resto, como si ya estuvieran casados; y a nadie se le ocurría, ni le nacía, ennoviarse con la exnovia de un amigo. Ese hecho era un ‘mata pasión perfecto’. Ese mundo no volverá, como canta Jorge Oñate en el tema vallenato ‘Los tiempos de la cometa’.

Nuestros padres tuvieron la genial idea de mandarnos a estudiar a Medellín. Primero a él, Arquitectura en la UPB, y al año siguiente a mí, en la UdeA, Ingeniería Electrónica. Dormíamos en el mismo cuarto, teníamos nuevamente los mismos nuevos amigos, y parrandeábamos juntos cuando yo, ratón de biblioteca, no tenía problema matemático qué resolver.

Fueron los años en que aprendió a tocar guitarra, hobby que lo acompañaría por siempre. Conformó un grupo musical con Javier ‘El Negro’ Muñoz, Javier Rodríguez y Leopoldo Corcioni, que fueron la alegría sabatina cuando regresamos a la ciudad. Siempre me sentí protegido por él, aunque solo era un año mayor; y su opinión sobre muchos asuntos siempre fue inteligente e importante para mí. Tenía las habilidades que a mí me faltaban. Recuerdo que cuando en su opinión, yo estaba perdiendo el ‘hablao’ cartagenero, me recordaba bromeando, cómo debía golpear las palabras para no perderlo. Cuando pienso en él solo veo buen humor, música y alegría. Su legado, cuatro hijos y un ejemplo de humanidad. QEPD.

*Ing. Electrónico, MBA.

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