Justicia rápida no es segura

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Con la firma del Acuerdo de Paz en el 2016 quedaron plasmadas las esperanzas de un pueblo dolido que decidió confiar en que tenía que existir la manera de acabar con tantos años de guerra.

Muchos dudaron de su fortaleza y no creyeron que estuviese lo suficientemente listo para afrontar lo que venía. Dudas que hoy, día a día, parecen tener la razón.

A pesar de los muchos desmovilizados y lo que parecía ser el fin de un grupo guerrillero, a finales de 2018, muchos de aquellos que habían dejado las armas, han regresado a la clandestinidad.

Lo hacen por diversas razones, pero en últimas, porque el acuerdo que firmaron no estuvo lo suficientemente estructurado para brindarles las garantías necesarias.

No sirve además tener como ejemplo a un líder que se ha burlado de la justicia una y otra vez.

Para vivir en sociedad establecemos normas que nos ayuden a mantener el control. No obstante, existen personar que violan esas normas y perturban el orden social. Quien irrumpe con ese orden deberá ser castigado y se hace mediante la imposición de una pena pretendiendo, mediante la misma, corregir sus actuaciones y dar el ejemplo a los demás sobre lo que no se debe hacer y dejar claro que las actuaciones tienen consecuencias.

Pero para juzgar, se requiere de un proceso y la palabra proceso alude a algo que toma tiempo. Si se juzga sin proceso estaríamos en ultimas cometiendo otro delito.

Mediante el Acuerdo de Paz, se pretendió establecer un mecanismo de justicia especial para adelantar esos procesos, pero este, terminó por ser una burla más de un sistema judicial sin componte.

Carnelutti consideraba que la justicia, si es segura, no puede ser rápida y si es rápida, no es segura. En un proceso, quien va despacio va lejos, porque, en esencia, la misma palabra “proceso” alude a un desenvolvimiento gradual en el tiempo. El problema es cuando el proceso no tiene fundamentos y no se respeta. Si fuese inocente, se declararía en el proceso. Pero al eludir y manipular procesos, solo deja creer que más bien es culpable.

Cegados por las discusiones de si el acuerdo es culpa de uno o de otro, si es peor Santos o Duque y si las Farc se acabaron o no, no hacemos más que dividirnos y olvidamos el objetivo principal.

Todos queremos paz. Pero la paz se obtiene el día que podamos ver justicia y reparación a un pueblo lastimado. Ahora, cuando ya después de todo es válido afirmar de que el Acuerdo de Paz no era suficiente y es momento de ejecutar el plan b, me pregunto, ¿tenemos un plan b? ¿Podría ser la justicia ordinaria? ¿Nos podría garantizar la justicia y reparación que no pudieron garantizar mediante la JEP?

*Abogada

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