Columna


La actitud multiplica (2)

JORGE RUMIÉ

26 de noviembre de 2021 12:00 AM

Que el 82% de los colegios oficiales de Cartagena se ubiquen en el escalafón más bajo de las pruebas Saber 11 en el país, reafirma, sin ningún asumo de dudas, que todos esos miles de millones de pesos que estamos gastando anualmente en educación ($597.000 millones para el 2022), sea el mayor despilfarro de dinero para una ciudad que está reclamando con desesperación soluciones prontas a nuestro legendario problema de pobreza. ¡Cuánta tristeza!

¿Y saben por qué? Sencillo, porque el mensaje que esos muchachos reciben diariamente de sus padres en sus casas, de los maestros en las escuelas, de su barriada y de la sociedad en general, es que “hagas lo que hagas, las cosas seguirán iguales”, y la pobreza te perseguirá –como hiena hambrienta– por el resto de la vida. En otras palabras, los castran mentalmente; pero lo triste de todo es que ellos mismos se encargarán, durante su vida, de reafirmar esa expectativa de desesperanza, como todo buen ‘mandato’ lapidario taladrado en la frente. De ahí que los veamos desmotivados y sin ambiciones, con la actitud propia de no querer prepararse y esforzarse, sin retos, sin disciplina... Y el proceso se repite indefinidamente, mientras el gobierno, como lo gritaría Albert Einstein: “Hace lo mismo de siempre y espera que los resultados cambien”. ¿Cómo no vamos a tener una pobreza del 50% de la población?

Por eso digo que todos deberíamos leer y aprender –como lo dije en columna pasada– de la doctora en psicología, Carol S. Dweck, (’Mindset la actitud del éxito’), quien casualmente estudió varios casos de colegios y profesores en las mismas condiciones de los nuestros y cómo lograron motivarlos hacia una “mentalidad de crecimiento”, con la actitud adecuada para amar los retos, superar obstáculos, creer en el esfuerzo, disciplinarse y lo más importante: entender que sí se puede salir adelante aun en ambientes de pobreza.

Es impresionante, pero la mayoría de las veces solo basta con la obstinación de un profesor –con su actitud adecuada– para lograr cambios mágicos entre sus alumnos, y ver cómo escuelas con pruebas paupérrimas a nivel nacional, van subiendo rápidamente sus notas y comienzan a superar a escuelas de estratos altos. Señores: ¡Es que la actitud multiplica!

En el caso de Cartagena, deberíamos iniciar con los propios maestros, entregándoles las herramientas necesarias para que ellos mismos se convenzan que en sus manos tienen el poder de cambiarse ellos primero y luego a sus alumnos, con la magia de la “mentalidad de crecimiento”.

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