Columna


La Autoridad Paterna

Jaime Dávila Pestana Padrón

19 de enero de 2022 12:00 AM

“Tu papá te quiere”, nos dice el señor alcalde en sus alocuciones. Con afecto y entusiasmo nos comunica sus planes y decisiones.

Me hizo pensar en lo que fueron nuestros padres y abuelos en el siglo XX y lo que somos en este siglo.

Al abuelo se le veía como a un patriarca, y al papá como a esa autoridad que nos daba ejemplo, que nos servía de inspiración, de orgullo, de modelo a emular.

Nadie les enseñó cómo hacerlo y respondían a los roles que la sociedad a través de los siglos fue imponiendo por convicción o tradición.

El ‘jefe del hogar’ por derecho propio se sentaba en la cabecera de la mesa, su palabra era ley, no se le podía contradecir, nadie comía hasta que él llegaba, nadie se servía hasta que él empezaba, ni cogía la prensa hasta que él la leyera; no se ocupaba de asuntos del hogar, ni del colegio, no se le cuestionaba y era el sostén de la familia. Consentía pero exigía, poco mostraba sus sentimientos y su poder era indiscutible.

Así los queríamos con su respectiva dosis de miedo. Hoy, algunos hemos tenido la fortuna de recibir formación como padres, otros no, pero la misma transformación de los roles en la familia, gracias entre otros aspectos a la evolución de la mujer como miembro activo de la sociedad, obliga a que sea diferente; el padre de hoy no ordena, persuade, es el que amorosamente educa, el que se involucra; la autoridad de hoy es compartida y no cabe el “porque yo lo digo”, es necesario dar razones.

Ser padre hoy requiere tolerancia, humildad, preparación, vulnerabilidad y firmeza en los principios y valores. Es un ser humano, con virtudes e imperfecciones, que dialoga, que escucha y que es empático, que puede cometer errores y que corrige. El papá de hoy debe ganarse el respeto que no viene ya con el rol.

Entonces, ¿cómo queremos ser recordados? Como impositivos, restrictivos y tercos; como permisivos con unos hijos y estrictos con otros o como papás disciplinados que ejercen autoridad con ejemplo, que dialogan, que son coherentes, humildes, tolerantes, que corrigen o castigan al que se descarrila, que se comunican con asertividad para que todos sus hijos entiendan, los comprendan, y por ende se pueda construir una sociedad unida en torno a los anhelos comunes, no debe mostrar preferencias.

El lenguaje y las acciones del padre contemporáneo deben generar confianza, que no se confundan con debilidad para que la autoridad no se pierda; insisto en que la coherencia es indispensable para evitar cuestionamientos; para ser un padre modelo siglo XXI se requiere más liderazgo que jefatura. ¡Así les demostramos a nuestros hijos que los queremos!

*Abogado y ejecutivo empresarial.

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