La aventura de ser alcalde de Cartagena

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Esta aventura que muchos quieren experimentar cuando se avecinan las contiendas electorales, sería una verdadera Ventura, como dice la RAE: “Estado de dicha o felicidad en que se encuentra una persona que ha conseguido sus deseos”, si todos los que aspiran a la fecha a dirigir el destino de Cartagena, lo hacen con el verdadero propósito de compartir esa dicha con todos los ciudadanos que a conciencia saldrán a votar a las urnas, exentos de vicios, mañas, triquiñuelas, prebendas, cuotas y el cuento de nunca acabar al que pareciera no nos importa leerlo una y mil veces, editando de período en período electoral enésimos ejemplares. El poeta José Luis Díaz Granados, en unos versos para niños dice: “Sebastián, este es el cuento/de un gallo con una pata de caballo, y de una gata/con orejas de jumento. / ¿Otra vez te cuento el cuento? / Sebastián, había una vez un gallo, pero al revés, un caballo con un pico/ y un girasol con hocico.../ ¿Te cuento el cuento otra vez? La heroica ¿dista de esta realidad? ¿Cuántas veces hemos escuchando el cuento del gallo capón?

Los poemas, las historias y especialmente las fábulas siempre nos dejan una moraleja y, a esto le adiciono lo que nos sabemos de memoria: “Hay que conocer la historia para no repetir de ella sus errores”, parece ser entonces que Cartagena no tiene historia, que ha sido borrada del mapa en múltiples ocasiones y vuelve a resurgir de la nada con el deseo de que ahora sí, por fin va a cambiar y la vamos a cuidar, a proteger, a valorar, a vestir como se merece y vamos a lograr que sea una ciudad con todo lo que merece y se le invertirá en educación, salud, empleo, seguridad, orden. No al ruido, a la basura arrojada en todas partes, no a la inmundicia, no a la falta de compromiso por parte de sus gobernantes, no a las mentiras, no a la dejadez, no al caos vehicular, no a la corrupción. Y entonces, se miran las encuestas y muchos de los encuestados dicen no votaría por ninguno, otros no votarán, otros dicen, siempre es lo mismo. No nos podemos quedar sin salir a votar, tenemos tiempo de hacer un análisis a conciencia y bregar por una ciudad que quiere salir a flote. El silencio y la ausencia de voto hace una brecha grande. Aún tenemos unos meses para decidir por quién hacerlo y no es decir “voy a votar por el menos malo”, porque a ninguno de esos les conocemos sus intenciones. Insisto en que todo lo pregonado y propuesto por cada aspirante se eleve a “Escritura Pública”, para que una vez elegido no le llegue la amnesia enfermedad característica una vez posesionado. Salir a votar es la mejor opción. ¿Qué queremos para la ciudad?

*Escritora

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