La búsqueda del silencio

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A nadie le gusta ser criticado, menos investigado. El periodismo tiene ese papel inquisitivo. Investiga y denuncia corrupción, e ilumina los problemas creados por aquellos que no quieren ser señalados.

Es cierto que muchas veces la prensa abusa dañando imágenes que luego no repara a tiempo y en forma, pero también es verdad que muchos se defienden como honestos pese a su mala conducta.

La defensa de los afectados puede ser inofensiva o agresiva, pero siempre busca el silencio. Una forma sutil de callar las críticas es a través de los boicots informativos. El estudio Disney negó que Los Angeles Times tenga acceso a sus premieres porque consideró injustas las críticas a una de sus películas.

Existen boicots informativos más agresivos y que dañan el derecho a saber de la sociedad. Muchos presidentes de países y ejecutivos de corporaciones limitan a sus críticos la entrada a las conferencias de prensa. Incluso muchos, a los que no les interesa ser cuestionados, prefieren evitar a la prensa y comunicarse en forma directa a través de las redes sociales. No informan, hacen propaganda.

Donald Trump no es el único que ha acortado su relación con los medios, a los que critica por generar “noticias falsas”. Esa forma de contracrítica también la ejerce Nicolás Maduro y Daniel Ortega, como antes Cristina Kirchner y Rafael Correa. Negaban información al periodismo crítico e independiente.

Otro tipo de boicot para generar silencio es mortal. A veces en forma autónoma o en connivencia con funcionarios de gobierno, el narco y el crimen organizado matan para defenderse. Este año fueron asesinados 17 periodistas en América Latina -más de 400 en las dos décadas pasadas- la mayoría por exponer excesos de los narcos y de políticos corruptos.

Pese a esta defensa violenta, buscar la verdad a como dé lugar es el norte del periodismo. De ahí el valor de los casos más resonantes de esta época reflejados en los ‘Panama Papers’ y ahora los ‘Paradise Papers’. Otra forma de silencio se legitima a través de leyes. Esta semana la inconstitucional Asamblea Constituyente de Venezuela creó una ley para abortar de la sociedad el odio, la intolerancia, la discriminación y la propaganda. El principio es loable, si no fuera porque el régimen es el que practica esas acciones.

Nicolás Maduro criminaliza así la protesta y la expresión, los derechos más sagrados de una democracia. Impone el silencio mediante penas de hasta 20 años de cárcel para cualquier ciudadano por protestar en las calles, escribir un editorial u opinar por Twitter.

En definitiva. Existe periodismo abusivo, malicioso y sensacionalista, pero, más que todo, periodismo crítico, independiente e investigativo. Y en una época digital hiper informativa, de redes sociales y tantas medias verdades, el periodismo es el mejor antídoto contra el silencio. Sigue siendo tan vital y necesario como siempre.

Mensajes y Sociedad
Ricardo Trotti
trottiart@gmail.com
 

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