Columna


La casa de Raimundo

WILLY MARTÍNEZ

21 de septiembre de 2022 12:00 AM

Corriendo el año 1954, en el callejón Román había solo siete casas, entre ellas la nuestra. Yolanda Emiliani, quien había sido la primera reina de Colombia, era una bella y extraordinaria vecina. Su casa tenía un patio colosal donde el icaco, el marañón y el níspero esparcían exquisito aroma. Al lado habitaba su hermano, Raimundo Emiliani Román, cuya residencia tenía un formidable trabajo en madera. Un bar sobresalía a un costado de la sala y la escalera frente al jardín interior daba distinción a los detalles de su arquitectura.

Pronto Raimundo viajó a Bogotá. Su nombramiento como ministro del Trabajo en el 57 lo obligó a ausentarse de Cartagena y a su casa llegaron nuevos inquilinos. Había sido nombrado Blas Herrera Anzoátegui, gobernador de Bolívar, y en compañía de su esposa Rebeca Vergara y sus hijos, habitaron la casa de Raimundo. Su permanencia fue corta como lo fue su mandato.

Pocos días después arribó la familia Emiliani Segrera. Las hermanas Emiliani fueron muy asediadas por su belleza y simpatía. Durante la Fiestas de la Candelaria, varios pretendientes pasaban frente a la casa, paraban en dos patas los caballos y batían los sombreros soltando piropos y lanzando besos. Fabiola, la mayor, montaba con maestría una yegua castaña de su tío Colín. Virginia, de cautivadora sonrisa, aplaudía. Margarita y Marcela, emocionadas, saludaban desde las ventanas del segundo piso, mientras Enrique distraído jugaba al trompo.

Pasado un tiempo y nombrado gerente de la Licorera de Bolívar, el Chabbe Espinosa llegó con su familia a la casa de Raimundo. El gobernador Jaime Angulo Bossa lo distinguió con ese cargo. Durante el gobierno etílico de Chabbe el ron nunca faltó en el callejón Román. Marujita y Nora Espinosa trajeron mucha alegría al callejón. Mamá Ove, por instrucciones del Chabbe, las controlaba. Cuando Chabbe gritaba: “¡Ovelisa!”, ella corría para traer a Maruja y a Nora de vuelta a la casa. Mamá Ove hacía inteligencia, rastreo y se empleaba a fondo para cumplir las órdenes del Chabbe.

Más tarde vivieron allí Sicard Valencia y Zaida Fernández. Sus hijos Jairo, Sandra y Ana Milena anduvieron con mis hermanos menores. Fueron años más reposados.

Más recientemente, la habita Muget Hoyos. Su padre, Germán Hoyos, falleció. Le sobrevive su esposa Alba, quien con Muget continúan la labor de conservar la casa. Raimundo Emiliani salió del callejón Román con el deseo de regresar, pero el éxito alcanzado en la capital se lo impidió. Murió en Bogotá a los 91 años destacándose como uno de los más plecaros hijos de Cartagena.

Siempre tendré en mis recuerdos los buenos momentos que experimentamos por la casa de Raimundo. Nada más gratificante que acariciar esos afectos y rendir homenaje a los tiempos de nuestra juventud.

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