Columna


La chaza de la confianza

CARMELO DUEÑAS CASTELL

01 de diciembre de 2021 12:00 AM

La chaza puede ser una tiendecita de barrio o una pequeña caja que mágicamente alberga variopintas cantidades de alimentos, dulces, etc. Hoy la chaza es, casi, una especie en vía de extinción.

Según el diccionario, la confianza es la seguridad que se tiene en una persona o en una situación específica. Es la esperanza, convertida en apuesta, de que una o varias personas harán algo ante una situación definida. La confianza crece y se agiganta con los años o desaparece para siempre en un segundo y, en ese caso, es como el plato que se quiebra e, inútilmente, trata de arreglarse. Nunca volverá a ser igual.

De un tiempo a esta parte, los empleados y visitantes de la Secretaría de Participación y Desarrollo Social, en el edifico Ronda Real, se encuentran con una de esas típicas chazas que antes inundaban las calles de pueblos y ciudades. La chaza está bien surtida y siempre abierta, a la vista de todos. Pero esta tienda no tiene quien la atienda; allí no hay tenderos. Cada persona revisa los productos, decide qué comprar y ella misma se cobra y también se da los vueltos y, además, si quiere, puede donar algo extra de manera voluntaria. El nombre de esta tienda es “La chaza de la confianza”. Un ejercicio pedagógico propuesto por Miguel Ángel Correa, Secretario de Participación, con el fin de reforzar la corresponsabilidad de servidores públicos y visitantes en general. Funciona de manera muy simple: se elige un producto, se revisa el precio, se ingresa el valor del producto en una lata abierta y se toman los vueltos, si así se requiere; y claro, luego se disfruta del producto. Es evidente que cada uno es responsable de su sostenimiento. La lógica de la chaza de la confianza es que todos podemos ser, y somos, al mismo tiempo, administradores y compradores de sus productos. Se trata de un ejercicio social que nos reta, cuestiona y evalúa como ciudadanos, empleados o personas del común. Es una apuesta a que todos, sin necesidad de un vigilante, hagamos lo mejor por el bien común.

En una ciudad dividida, sin dueño, con una población frustrada, engañada e incrédula, la chaza pretende, además de generar confianza entre todos, promover las aptitudes de usuario y dueño de nuestra gigante chaza, La Fantástica. Es de esperar que la chaza de la confianza llegue a todas partes para reforzar corresponsabilidad y transparencia en cada cartagenero en articulación con la Escuela de Gobierno, el Plan Decenal de Cultura Ciudadana, el Laboratorio de Cultura Ciudadana y la Corporación Desarrollo y Paz del Canal del Dique y Zona Costera. Lo decía Mandela: “Vive la vida como si nadie estuviese mirando y exprésate como si todos estuviesen escuchando”.

*Profesor Universidad de Cartagena.

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