La ciudad excluyente

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Cartagena, excluyente; siempre lo ha sido. El estudio de la Universidad Tecnológica de Bolívar: “La exclusión en tiempos del auge” lo confirma. Aunque estudios similares ya en siglo XXI, revelan disminución paulatina de la exclusión, a pesar de ser la ciudad que más desplazados recibió con respecto a su población. No es, por supuesto, excusa para que lo sea tanto y margine en especial a los afrodescendientes. Esto último habría también que matizarlo, ya que Cartagena es la ciudad importante que los alberga en mayor proporción.

El crecimiento económico de la ciudad explica algunas cosas, con tres factores: la gran industria; la actividad portuaria con su complejo logístico adjunto; y el turismo con su apéndice, la construcción. De su dinamismo depende el empleo, el vehículo para la inclusión permanente si hay encadenamientos productivos que propicien y difundan los beneficios del altísimo PIB per cápita de Cartagena, bien por encima de la media nacional. ¡Y ahí está el detalle!

La gran industria, hidrocarburos y petroquímica, emplea bachilleres y tecnólogos, con buenos sueldos. Además, es macrocéfala porque, excepto para oficios menores, los servicios de apoyo casi no se han dado (ni se estimularon). Es flor exótica, cuya mayor y muy significativa contribución es el pago del ICA. Más aun, su centro de decisiones no está en Cartagena y se aísla de la ciudad. Exagerando, es apenas un huésped. Cuán distinta a Medellín o Bucaramanga.

Cartagena es su puerto. Su prosperidad depende de él desde cuando acogiera en mantillas a la Flota de los Galeones. La gran industria se instaló aquí por su rada. Ahora hay 60 fondeaderos privados en su bahía. Pero ya los puertos no son cosa de braceros. Su tecnificación es también con bachilleres y tecnólogos, como lo es el de los centros logísticos. Limitado espacio para incluir, mientras el lento y mediocre ritmo educativo los forma.

La esperanza es el turismo. La marca Cartagena, ligada al mar y a la historia, se expande por el mundo. Los visitantes son avalancha. El Sena y Comfenalco hacen milagros para formar cuadros de inserción incluyente. No dan a basto. Y para impactos y mejorías de la población más marginada, se recomienda visitar a la Ciénaga de Virgen, donde la fundación Granitos de Paz surte desde patios caseros los apios y más para los cocteles y las cocinas de hoteles y restaurantes. A remolque del turismo va la dinámica construcción de hoteles y segundas viviendas, si bien muchísimos prefieren el rebusque de la albañilería.

A pesar de los obstáculos por la naturaleza del empuje económico cartagenero, la pobreza extrema y la informalidad han cedido. Pero la almendra de la inclusión debería ser el sector público. Es más bien su freno. $350 mil millones le produce el ICA a Cartagena (con Reficar a la cabeza), la más alta contribución proporcional del país. Se van a dilapidar. La elección popular de alcaldes fue una calamidad, quizá por la exclusión misma y por el endeble liderazgo empresarial. Con pocas excepciones, los titulares llegan a robar ingresos fiscales con patas y manos.

ress7404@me.com


 

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