La conducta humana

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Una cosa es tratar de entender la conducta humana (a veces imposible hasta para los mismos psicólogos), y otra es tratar de orientarla en la obtención de un fin.

Este término, orientar, puede, pero no debe confundirse con “manipular”. La diferencia estriba en que el primero recurre a la parte racional del individuo, mientras que el segundo pretende “controlar sutilmente a un grupo de personas, o a la sociedad, impidiendo que sus opiniones y actuaciones se desarrollen natural y libremente”, según definición de WordReference.

La conducta humana viene determinada, además de en lo genético, por la educación recibida en los primeros años; la que observan en sus progenitores, en el medio social en que se desenvuelven, y en las que en su transitar por la vida han aprendido como exitosas sin haber tenido que pisotear los “principios”, que forman el caparazón del alma. Si bien en muchos casos sabemos cómo reaccionarán nuestros semejantes frente a cada estímulo o situación de la vida, y eso nos enseña a tratarlos sin lastimarlos, hay casos, o individuos, que tienen respuestas inesperadas, que desconciertan. Y también los hay quienes pareciera que no poseyeran los límites morales que imponen los principios, y terminan imponiéndose ante los demás que sí los tienen.

Creo que la conducta de los individuos en la edad adulta es inmodificable: forma parte inherente de su personalidad. Ni la terapia, ni los consejos, ni los compromisos que se adquieran, son capaces de lograrlo: eso deben saberlo los psicólogos. Son “algoritmos” y por lo tanto fuera del dominio de la razón. Así que explicárnosla, a veces es imposible. Lanzamos teorías, pero lo aconsejable es prescindir de las personas que no vinieron al mundo con los mismos algoritmos, o enloquecer.

Un libro orientado a la motivación dentro del ambiente laboral: “La sorprendente verdad sobre qué nos motiva”, escrito por Daniel Spink, trata de estos asuntos conocidos para muchos, que compila, organiza, y fundamenta como valor agregado, en experimentos llevados a cabo por psicólogos. Distingue tres tipos de motivadores de la conducta humana: los biológicos, que tienen que ver con nuestra parte animal, sexo, alimentación y seguridad; los extrínsecos, o externos, conformados por las recompensas (premios y castigos); y los intrínsecos, que provienen del alma, pero que es posible propiciar en ambientes con autonomía laboral: superado el umbral del dinero, concluyen, se trabaja por deseo y con pasión, condición indispensable en tareas que requieran trabajo intelectual, ingenio y creatividad.

Los investigadores sostienen que los estímulos económicos, a menos que se trate de tareas monótonas, y no se abuse de ellos (producen adicción: cada vez se necesita más, como las drogas), son ineficientes; e impropios en trabajos que requieran de creatividad.

*Ing. Electrónico, MBA.

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