La crisis del agua

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Hace varios años, en una visita al Sur de Bolívar, vi cómo el Plan Departamental del Agua era cocinado en la olla de la corrupción. En aquel hermoso municipio, rodeado de ciénagas, miles de millones fueron usados para cambiar una buena fuente hídrica, por una quebrada casi seca y contaminada con desechos mineros.

A finales del año pasado, y entrando el fenómeno de El Niño, Cormagdalena informa a Cartagena que está en riesgo el abastecimiento del agua por los bajos niveles del Canal del Dique, y que hay que dragar para una entrada mayor de agua a la bocatoma. En mi absoluta ignorancia, ¿sacar sedimentos del canal hace llover más? Cuando estamos secos, esta corporación pide auxilio, pero antes no pasa nada.

Las cosas en el país pintan desérticas en los próximos meses, y en Bolívar, hasta la Ciénaga de la Virgen está secándose. ¿Por qué ante tanta información, alertas y la autodenominada alta tecnología de Aguas de Barcelona, el futuro cercano es incierto? A pesar del llamado de varios concejales, el suministro de agua en Cartagena se entregó a dedo por varios lustros a más a los mismos, con el cuento patético de millonarias inversiones. ¿Dónde están?

El Alcalde y el Concejo deberían llamar a Aguas de Cartagena a explicar sus planes de contingencia, si habrá o no racionamiento de agua, cuánto disminuirá su calidad, y sobre todo, por qué no invirtieron y tomaron las acciones correctivas para evitar una crisis hídrica.

Algo está muy mal. Para poder tener agua suficiente dragarán el canal del Dique, para ello, la Alcaldía declara estado de calamidad pública, Cormagdalena, el principal enemigo del río Magdalena, acudirá a la urgencia manifiesta para que llegue el dinero y poder sacar el barro. Si empieza pronto, terminará en tres meses, después del grueso de la sequía. ¿Y entonces?

Esto prueba que ninguna entidad, incluyendo Acuacar, resuelve el problema y que todas adolecen de una planeación mínima.

En esta ecuación también aparece la Refinería, un consumidor monstruoso de agua que tampoco tiene opción diferente al canal para funcionar. La cosa está tan peluda que cada vez más el agua del Magdalena es de vertimientos de las ciudades andinas, así que si los azules meten el tubo de succión directo al canal, estaremos expuestos a mucho cloroformo y a una lista interminable de sustancias mal removidas en la planta de tratamiento, en especial los denominados contaminantes emergentes. Dejemos tanta chambonada y antes que juegos nacionales, protección costera, ampliación ridícula de carreteras y canchitas de fútbol, concentremos en garantizar agua potable para el presente y el futuro.

*Profesor

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