Columna


La debacle del EPA

JESÚS OLIVERO

JESÚS OLIVERO

23 de marzo de 2018 12:00 AM

Hace varios lustros nació el Establecimiento Público Ambiental (EPA). Sin duda, la iniciativa, liderada por Rafael Vergara, abría paso a una oportunidad para fusionar el potencial ambiental de la ciudad con su talante turístico, permitiendo zanjar un camino con tinte sostenible. El oxígeno inyectado por Vergara en acciones como la creación del Ecobloque, por ejemplo, duró poco y fue reemplazado por el dióxido de carbono de la inoperancia.    

En la actualidad el EPA apenas suspira, y ejerce limitada capacidad de acción e intervención. Los directores, en su mayoría han sido figurines politiqueros, sin conocimiento del oficio, ni convicción del deber ser como funcionario. Así, la entidad pocas veces se pronuncia por lo que sucede en el ambiente de la ciudad y lo que hace tiene efectos mínimos en calidad de vida. No hay inventiva ni iniciativas serias y ese accionar, mediocre en promedio, lo convierte en un lastre que hunde a la urbe en la indecencia ambiental.   

La gente se queja, y con razón, del estado cloacal de la ciudad, la destrucción de sus pulmones, y la percepción es que la institución no funciona. El EPA no es cualquier cosa, tiene la misión de administrar y orientar el manejo del ambiente de Cartagena, su conservación, restauración y desarrollo sostenible. Esto no es palabrería, hablamos de algo que determina nuestra calidad de vida y la de los que están en cola por nacer.  No se trata de soñar con pajaritos y florecitas de colores, ni de premios a los pesebres ecológicos. Esto es otra cosa, tan seria, que bien manejada, cambiaría la historia.

Este diario y la sociedad civil han manifestado reiteradamente la preocupación por la tala del manglar en el Viaducto del gran manglar. Tan chistoso como suena, ante los ojos de todos, incluyendo al presidente Santos, el mangle, en teoría salvado de su destrucción por el puente sobre la ciénaga, está siendo día a día talado y rellenado de forma inmisericorde. Esta deforestación se ha extendido a La Popa, cerro que recordamos cuando comienza a desmoronarse por las lluvias, y la EPA allí, como autoridad ambiental, no muestra seña alguna para enfrentar estos problemas.

Alcalde, gobernador, congresistas, Procuraduría, Contraloría, Armada Nacional, Policía, ciudadanía, montemos el nuevo Ecobloque, al menos intentemos sacudirnos de la inoperancia y hagamos algo. Esta antítesis de ciudad ambiental no aguanta tanto descuido. O actuamos ahora y buscamos todas las herramientas jurídicas y de intervención posibles para mejorar el asunto, iniciando por poner en el EPA una cabeza idónea para el cargo, o nos hundimos más en nuestro propio mar de basura, contaminación y árboles derribados.

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