La democracia del betún

14 de enero de 2019 12:00 AM

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Ernesto Rodríguez, Juan Castro, Arcadio Cáceres y Carlos Acosta muy pronto completarán, cada uno de ellos, casi medio siglo embolando zapatos en la Plaza de Bolívar de Cartagena de Indias, de sol a sol, sin tomarse un respiro.

Este oficio, prohibido en distintos países por considerarlo indigno para el ser humano, sin embargo constituye el modus vivendi de miles de familias colombianas y en Cartagena los lustrabotas, armados con cajitas de madera, cepillos y betún, hacen parte del diario transcurrir del sector histórico desde principios del siglo pasado.

La Plaza de Bolívar, antes llamada Plaza Mayor, es crisol de ideologías y costumbres que acompañan el discurrir del ‘Corralito de Piedra’ desde su fundación hasta nuestros días. Era, antes más que ahora, el punto de encuentro para aceitar el trapiche de las murmuraciones, del poder religioso, político, económico y conspiraciones.

Seguramente Ernesto, Juan, Arcadio y Carlos, todos de raíces Bantú, no imaginan que, como lustrabotas, tienen colegas notables, incluso expresidentes de la república como Alejando Toledo, del Perú, y Lula Da Silva, del Brasil.

Pero nuestros emboladores se dan el lujo de sacarles brillo, por igual, a los zapatos del presidente Uribe, Petro, alcaldes, gobernadores, concejales, boxeadores, cantantes de champetas, profesores, sacerdotes y jubilados, porque practican, ellos sí, la sagrada democracia del betún.

Sin embargo, estos cuatro sobrevivientes del oficio de embolar no saben hasta cuándo les alcanzarán las fuerzas, para empuñar la desgastada cajita de madera y madrugar al Parque de Bolívar. No tienen protección del Estado y descansar tranquilos en su vejez ni mucho menos reposar cuando los agobien los achaques... ¡A la de Dios! Y es mejor que ni se enteren que, muy cerca del lugar, donde completarán medio siglo dándole lustre a zapatos ajenos, el próximo 16 de marzo se cumplirán 398 años del brutal asesinato de Benkos Biohó, líder-precursor de los movimientos libertarios en toda América. Luego de ahorcado, lo descuartizaron como escarmiento frente una multitud congregada en la Plaza de la Mercadería, la misma utilizada hoy por Fidel para alegrar con cervezas y ‘Salsa Brava’ a su clientela, en una ciudad que no nos pertenece.

Benkos no tuvo éxito: los descendientes del casi imbatible líder del Palenquero, entre ellos Ernesto, Juan, Arcadio y Carlos, sobreviven en medio de Derechos de papel, en los mismos oficios esclavistas de sus ancestros cimarrones, en una ciudad de reinas y de mendigos, donde permanecen, silenciosas y crueles, las metástasis del Apartheid.

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