La encrucijada electoral

19 de abril de 2010 12:00 AM

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Expresé hace días, en carta a Juan Manuel Santos, que invocaba objeción de conciencia para no acompañarlo en su empeño por alcanzar la Presidencia. Semanas antes me había retirado del Partido de la U por la imposibilidad de hacer parte de una colectividad interesada en mostrarse como heredera del presidente Uribe, pero anclada en viejas costumbres políticas que necesitamos remover. Como Presidente del Partido de la U, ayudé a construir lo que hoy constituye el mayor capital político de Santos. Una marca que se vende bien dentro de la opinión, pues se identifica con la continuidad de la seguridad democrática. Pero como sucede con Coca-cola, la marca registra bien pero nadie sabe a ciencia cierta cuál es su contenido. La magia funciona, porque ni los seguidores de Andrés Felipe Arias encuentran contradicción en votar por Angelino Garzón, férreo defensor del despeje de Pradera y Florida, que nunca acompañó al presidente Uribe cuando fue candidato, ungiéndolo ahora como la persona que asumirá la Presidencia en caso de ausencia de Santos. No se dan cuenta que están encumbrando a quien puede convertirse en un Zelaya colombiano. Sin duda, es mejor esta apuesta con fe de carbonero a un Partido como la U, que la creencia ciega en que solo el presidente Uribe puede manejar el país a través de sucesivas reelecciones. Algo va de la confianza en una persona a la confianza en un Partido. Pero mucho se pierde, pues al menos con el presidente Uribe sabíamos a qué atenernos: lo que ahora se nos ofrece es una alianza sin corazón que quieren presentarnos como gran alternativa. Hay mucho de oportunismo en el Partido de la U que dificulta impulsar desde allí la reforma política que el país necesita. Me inclino, como ciudadano, a votar por Noemí Sanín, a quien injustamente han tratado de mostrar como antiuribista. Ella y su fórmula vicepresidencial acompañaron al presidente Uribe desde el primer día de gobierno y como dice su propaganda, ha llegado el momento para que en Colombia nos gobierne una mujer. Pero ha quedado Noemí atrapada en una lucha dentro del Partido Conservador que le impide perfilarse como candidata nacional. Para muchos que queremos la renovación política, resulta difícil alinearnos con un partido de insaciable voracidad burocrática. Confío en que si pasa a la segunda vuelta pueda plantear con claridad, incluso en contra de los intereses de su partido, que tendrá como bandera central la lucha contra la politiquería y la corrupción, articulando una gran alianza en torno a este propósito. Si en vez de Noemí, quienes pasan a la segunda vuelta son Mockus y Fajardo, me inclinaría a apoyarlos si definen con claridad que un próximo gobierno debe tener como bandera central la reforma de la política. Ellos tienen la ventaja de ser candidatos de opinión, aunque dentro del Partido Verde existe un reducto politiquero y clientelista que deben controlar. No obstante los temores que generan los profesores por lo genérico de sus propuestas y lo impredecible de su comportamiento, sería interesante que de llegar a la Presidencia impongan un modelo en sus relaciones con el Congreso que obligue a los partidos a reformarse. Si hace ocho años el paramilitarismo era la mayor amenaza para la legitimidad democrática, hoy lo es la corrupción y la politiquería. *Ex Comisionado para la Paz.

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