Columna


La épica de Petro

EDUARDO GARCÍA MARTÍNEZ

06 de agosto de 2022 12:00 AM

Tenía 19 años cuando tomó una decisión que marcaría su vida para siempre: iniciar el camino de la subversión para combatir el sistema imperante en el país. Ingresó al M-19, organización armada nacida tras las amañadas elecciones que llevaron a la Presidencia al conservador Misael Pastrana en 1970. Actuando en la clandestinidad fue arrestado y torturado pero mantuvo firme su determinación de continuar la lucha por la reivindicación de los desposeídos, a pesar de las penurias que enfrentaban quienes desafiaban el poder del Estado.

Tampoco dudó cuando se presentó la ocasión de dejar la vida subrepticia y abrazar la legalidad para hacer política de manera abierta. En 1990 se desmovilizó y se integró a la Alianza Democrática M-19, que entró con fuerza arrolladora a la Asamblea Nacional Constituyente de 1991, borrando la Constitución de 1886. Durante tres décadas Gustavo Petro ha ejercido la política denunciando sin tapujos la corrupción a todos los niveles, a quienes se amangualaron usufructuando recursos del Estado, la connivencia de políticos, militares, paramilitares y narcotraficantes, los abusos del poder. Muchos de los señalados fueron a la cárcel. También advirtió pobreza creciente, despojo de tierras campesinas, desigualdad.

Por esa acción justiciera en la que asumió todos los riesgos fue perseguido, mofado y vilipendiado, señalándose siempre su paso por el M-19 como un estigma para tratar de mostrarlo indigno ante la sociedad. No lograron sacarlo del camino por cuanto se inspiraba en convicciones profundas, propias de quienes creen firmemente en lo que hacen porque los asiste la razón en la búsqueda del bien común.

En la Cámara de Representantes, el Senado, la Alcaldía de Bogotá, lo guió su formación humanística indicándole la necesidad de cambiar aquella realidad que consideraba insostenible si se quería un país diferente. Para lograrlo, necesitaba llegar a la máxima dignidad del Estado. Dos veces fue vencido pero no sucumbió ante la derrota y forjó mucho más su temple para encarar una campaña vertiginosa que lo convertiría en el primer presidente surgido de la izquierda en la historia colombiana.

Mañana domingo Colombia inicia una nueva época, marcada por la esperanza de un mejor destino que debe ser construido entre todos. Al frente de esa cruzada esperanzadora está Gustavo Petro Urrego, el líder Caribe que no cedió ante el peligro ni el banquete de prebendas que ofrece el poder político. Por el contrario, lo combatió con la fuerza de sus ideales más íntimos y ahora tiene la responsabilidad de conducir el país por el esquivo camino de la paz, la anticorrupción, el desarrollo con equidad y la dignidad.

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