Columna


La era de la aceleración

YEZID CARRILLO DE LA ROSA

24 de febrero de 2024 12:00 AM

Una forma de definir la temporalidad en la cultura contemporánea es apelar –como hace Hartmut Rosa– a la metáfora de la aceleración, según la cual, la característica primordial de la sociedad actual es la velocidad presente en todos los ámbitos de nuestra cultura: comida rápida, citas exprés, etc. Rosa distingue tres maneras o expresiones de este fenómeno.

Una es la aceleración tecnológica, que hace que nuestra experiencia del tiempo y el espacio se contraigan transfigurando los lugares (la casa, la escuela o el barrio ) en sitios sin identidad ni vínculo, en ‘no lugares’ habitables sólo virtualmente; otro es, la aceleración social, que se expresa en el cambio permanente de las actitudes, valores o estilos de vida (ejemplo, hoy la proyección es que un joven cambiará de empleo y de familia varias veces antes de envejecer); finalmente, la aceleración del ritmo de vida, como consecuencia de las dinámicas económicas, que nos hace creer que el tiempo escasea, que todo pasa velozmente y que la vida, nuestra vida, no es suficiente para estudiar, trabajar y tener todas experiencias vitales que quisiéramos; por ello, el deseo de hacer más cosas al mismo tiempo o la exigencia de vivir al doble de la velocidad habitual.

Ahora bien, el autor señala que, así como existe un fenómeno de aceleración, también se produce el efecto contrario. Una especie de desaceleración que a veces se genera de manera involuntaria –y como consecuencia de la propia aceleración–, como es el caso del desempleo, la depresión o la marginación social; y otras veces se hace de manera voluntaria, estimulada y/o propiciada por los movimientos ideológicos alternativos que promueven la lentitud vital, el consumo de productos tradicionales o artesanales o el decrecimiento económico. No faltan los críticos, quienes sostienen que lo que realmente existe es una “inercia cultural” (Baudrillard, Jameson o Fukuyama), que la aceleración es un fenómeno superficial, pues lo que existe es una especie de “estancamiento acelerado” (pedaleamos para estar en el mismo sitio), por eso, esta existencia sin utopías o sin mayores expectativas sobre el mañana, y por eso, las visiones distópicas (desastroso) o retrotópicas (retorno a un pasado idealizado) del porvenir.

Este fenómeno de la ‘aceleración social’ plantea dos desafíos adicionales para Latinoamérica. Uno en lo económico, pues la búsqueda constante de un crecimiento rápido lastimosamente ha estado ligada –en nuestra región– a la formación de grandes oligopolios y a la creación de mafias y castas políticas –de izquierda y derecha–, que se han enquistado en el Estado, empobreciendo a los países y generando más inequidad y desigualdad. Y en lo social, porque se han afectado los lazos y valores tradicionales que propiciaban una fuerte conexión comunitaria, lo que ha debilitado la cohesión social y el sentido de pertenencia.

*Profesor Universitario.

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