La extinción de los indígenas

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Los medios de comunicación del país dedican gran parte del tiempo a informar sobre los bloqueos de la Panamericana, el desabastecimiento en Popayán y Pasto, la quema de buses y todo lo relacionado con las consecuencias de la Minga del Cauca. Columnistas de escritorio, que han estado chupando de los pezones gubernamentales, respirando y emanando odio por las narices, y peor aún, nunca han visitado ni saben lo que es una reserva indígena, pero que sí han tirado cerca y convertido sus territorios en potreros, los tildan de extorsivos y violentos.

Lo que sucede en el Cauca es un retrato puntual de la problemática indígena en el país. Esta población, en extremo vulnerable, con muchos miembros deambulando por las calles, está extinguiéndose a punta de violencia, desapariciones, desplazamiento y envenenamiento, fotografía manifestada con diferentes matices en todos los rincones del país.

En La Guajira sus niños mueren de hambre, han perdido los territorios que ahora son huecos inmensos del tamaño de ciudades y no les responden por los chivos extraviados; en la Sierra Nevada colocan antenas y hoteles en sus sitios sagrados y les maman gallo todo el tiempo con los compromisos; en el Chocó y Guainía la minería destruye sus ríos acabando la selva y los peces que son su alimento; en Córdoba Urrá les arrebató y destruyó su río convirtiéndolos en mendigos; y en el Amazonas, el mercurio de la minería los envenena, la comunidad de Taraira, en el Parque Nacional de Yaigojé Apaporis, posee las concentraciones más altas de este metal tóxico en Latinoamérica.

Es triste que mientras nuestros verdaderos ancestros reclaman su territorio, nosotros le entregamos medio departamento del Cesar a extranjeros para que nos dejen un cráter lunar en donde nada podrá sembrarse en miles de años, todo sin que esto tipifique una vía de hecho. En este país se han violentado tanto los derechos de nuestros indígenas y en general de las minorías, que no hemos salvado ni la memoria histórica de estos atroces acontecimientos. La situación del Cauca debe replantearse, los indígenas pueden flexibilizar su protesta para no asfixiar a las comunidades ajenas al conflicto, y el Gobierno puede comprometerse a escucharlos in situ. Así, nadie perdería.

Es preocupante que a estas alturas no tenemos idea de la importancia de los indígenas para nuestra propia supervivencia como sociedad. Si se extinguen nos iremos con ellos, si logramos que sobrevivan, respetando sus territorios y los derechos que tienen como colombianos, tal vez tengamos el chance de contarles a nuestros nietos que aún seguimos siendo humanos.

*Profesor

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