Columna


La falta de sindéresis

RUBÉN DARÍO ÁLVAREZ P.

09 de enero de 2021 12:00 AM

Tiene razón el columnista Iván Martínez Ibarra cuando señala (palabras más, palabras menos) que la falta de autoridad es uno de los males más grandes que sufre el país, y que debería corregirse la inacción de los organismos que tienen como deber aplicar la ley por encima de los intereses particulares.

De acuerdo con los planteamientos de este opinante, afirmo que el ejercicio de la autoridad debería empezar por meter en cintura a los grupos económicos que manipulan y hasta modifican las leyes, para apoderarse de los territorios que desde hace décadas, y por derecho ancestral, ocupan las comunidades negras, las indígenas y aún las mestizas, sobre todo en los espacios que se consideran de notables potencialidades turísticas.

Tiene razón cuando afirma que “nadie está por encima de la ley”. Por eso, en el caso de Cartagena, los organismos de control deberían hacer rendir cuentas a las sucesivas administraciones distritales, que han ignorado las necesidades de los pueblos de la zonas norte e insular, con el evidente y expreso fin de que los nativos se aburran y se vean en la necesidad de vender baratos sus terrenos a los grandes inversionistas, que los vienen asediando desde hace años.

Estoy con el columnista cuando sugiere que nadie puede tomarse terrenos bajo ninguna excusa, así como cuando los grupos económicos se apoderan de predios --e incluso, de cuerpos de agua-- para levantar sus edificaciones, sin que autoridad alguna se pronuncie, tal como cuando envían las fuerzas antimotines a reducir las protestas de los indígenas, afrodescendientes o cualquier población históricamente poco favorecida por el Estado.

Aplaudo que el columnista Martínez Ibarra se preocupe por el mal ejemplo que los infractores de la ley les están mostrando a nuestros hijos, pues es exactamente eso lo que sucede cuando un grupo económico se apodera de un terreno, acomodando las normas a sus intereses: las nuevas generaciones aprenden que quien tiene dinero puede hacer lo que le venga en gana con las leyes y pasar por encima del derecho de los demás, sobre todo si se siente protegido por el silencio cómplice de los despachos que deberían frenar el infame abuso.

También le cabe razón cuando expone que “nadie tiene claro quién tiene el poder en el país”, pues si hubiera claridad en ese aspecto, los reclamos de las familias que han ido desplazando del Centro Histórico, a punta de impuestos y servicios públicos caros, ya hubieran tenido algún resultado positivo para sus demandas, y no la indiferencia que está expulsando injustamente a los raizales. Pero se sigue creyendo que la autoridad solo debe usarse en contra el más pendejo.

*Escritor.